24/10/11

El manuscrito de los secretos



Tiempos indefinidos donde todo se torna grandilocuente con drama, o apenas un rumor lejano corriendo por entre las rendijas de las persianas. Tiempos de confusión alborotada, donde algunas ideas comienzan a solidificarse -y otras ramificarse- junto con el renacimiento del espíritu épico, dando aires y deseos de albergar más luz e iniciar la búsqueda oceánica con escafandra flúor y la compañía de un coral movedizo con motor silencioso.

Pensarlo de algún modo como el escape de aquel lugar: el de la autosuficiencia y quizás eterna autocomplacencia del autodidacta. Tomar la rigidez de la institución para volcar seriedad a las manos y sus creaciones; emprender un camino de inquietudes con mucho más foco, con la linterna totalmente prendida, las velas ardiendo y la parafina dibujando los pasos por la noche.

Cuestionar dentro de la escasez morlaquera y el ocio, la actividad laboral. No buscando el placer en su núcleo, considerando simplemente no caer en los lugares por inercia ya pisados, los que serían las sanguijuelas de otros años, de siempre. Simplemente buscar un lugar más adecuado, donde la maldad y la aspereza no sean la norma fundacional y las energías puedan desenvolverse de otro modo.

Y pensar en esa gente bella que pasa y queda. Otras que sólo pasan, o dejan ser pasadas como por un portal hacia sitios desconocidos, no lejanos, simplemente desconocidos. Que dejan sus encantos, su amor. No pensarlos como cadáveres sino vivos y frescos como aquellos que quedan, o aquellos que están acercándose sin ser divisados aún. También aquellas bellas personas que se recuperan lentamente, porque uno -que es yo- posee la capacidad de la lentitud por lo que recuperar es un proceso complejo, lleno de detalles, metodismos y mecanismos no tan simples. No tan prácticos. Como su gestor -que es yo-.

Todo eso es auspiciante. Como el sol de la mañana eyectándose desde las profundidades de otro continente, quemando levemente los pastizales bañados en rocío de un campo abierto que infunde el temor del vacío, así como la grandeza de su amplitud. Pensar en los gestos, en las causas reales y merecedoras (portadoras) de la voluntad, del deseo y de la entrega. Como copos de nieve, como villancicos fuera de estación. Como el voto más bello de la historia de mi democracia, de mi elección natural ante la vida, escrita en bolígrafo sobre un papel borrador y llevado a la urna con una sonrisa amplia, secreta, colmada de fantasía y del deseo natural que comentaba:



 
VOTO A LA FUERZA DEL AMOR  

4/10/11

Exilio interior



El viento de un mar que está cerca pero no lo suficiente para verlo. Podés sentirlo flotando y migrando sobre la tierra en movimiento con un sentimiento raspante, podés olfatearlo e imaginarlo bañando tus manos en el frío de comienzos de primavera. El viento que te escupe encima recuerdos del tipo ancestrales, como flema llena de purpurina de épocas diferidas y llenas de glorias. Efervescencia adolescente llena de estímulos indescifrables y adrenalina. Noches sin sueño y cubiertas de etílico y música.

El calor fraternal, maternal y de toda índole que te abraza, te cobija y te hace sentir en casa, te invitan a tu hogar para que puedas dormir tranquilo y en paz. Sientas tu ansiedad en reposo alejándose en barrilete volando lejos hacia ese mar que descubrís en formas y recreás con retazos de otros mares. Olores de otros espacios y eras. Ese mar que inunda Bahía Blanca de noche y te llena de restos de conchilla las orejas, deja tus labios secos y tu cuerpo arenoso.

Un viaje largo, pero breve desde el anhelo. Lleno de millones de sensaciones, espejos, tertulias en silencio, cariño y la salud de encontrarse en buen camino. Siempre de viaje; distancias largas, breves, sin mediciones. Sin destinos claros. Sin idea del futuro, apenas del corto plazo. Entre el ruido de la marcha del tren, los portazos, el frío espeluznante, las miradas furtivas de los viajeros espectrales y los rifadores timadores. Y en mis ronquidos se ahogan las criaturas bellas junto al amanecer y al sol que nace de diferentes colores en las estaciones del universo. Para despertar nuevamente hacia otro viaje solo. Sentirse realmente solo al bostezar y despejar los ojos.

30/9/11

Autobombo




Se agradece el hallazgo a Clara Cattaneo, mi versión altiplana/sueca ya era algo obsoleta. El tema es de Jenny Lewis y se llama See Fernando.

28/9/11

Rubber soul


No es exactamente el tipo de película que desearías ver una noche en compañia de amigos/as buscando terror. Me refiero a un terror escalofriante, con cierta estética pretendida, con algún tipo de guiño o intento de seriedad. O bien una película Clase B o Z con mucho gore, sexo, exploitation y quizás payasos asesinos del espacio exterior. Rubber no presenta nada de eso. Es más bien metacine, un homage al cine sin sentido, sin razones, con todas las arbitrariedades puestas a disposición del público para que se hastíen buscando respuesta o repudiando la inconsistencia de la película.

Rubber, desde el comienzo, se introduce como eso. Telequinesis, asesinato, un argumento improvisado constantemente, policías psycho killers, homenajes varios al cine de terror, al western. Incluso da un pequeño cierne para una historia de amor acosadora entre nuestro querido neumático y una joven brunette que se baña en la habitación 15 del Bates Motel puertas abiertas. 

La interpretración de la audiencia, su participación en una película. Los cuestionamientos, la necesidad de finalizar la película por parte de sus mentores. La inclusión de la audiencia dentro del desarrollo (y final) de la película. El absurdo respecto al guión y seguirlo a tabula rasa. Todo eso, es lo que hace de Rubber una pelícua entretenida, con buen humor y todos apreciamos el buen humor. O si prefieren, una película de un enigmático y desafiante neumático rodando por una ruta desolada buscando víctimas humanas o animales para descargar su maldad. 

Para los fans de Christine, sin dudas es un homenaje del tipo de sinécdoque. Para los pisteros, también. Deberían darle una chance al film de Quentin Dupieux. Al menos se introduce desde un comienzo con la absurda fundamentación de que nada tiene razón y nada merece tener una explicación. Todo es válido, incluso si nada cobra sentido durante 82 minutos de rodaje y tu atención está clavada en las vicisitudes de un neumático todo terreno.

9/9/11

Genos


Recuerdo con total claridad un ejercicio de literartura en 5to año del secundario, encargo de la siniestra profesora Iniesta. Era un trabajo sobre nuestra genealogía. También recuerdo que nunca lo devolvió y no me quedó una copia del mismo. Ni siquiera lo calificó, pero tenía cierta coherencia con el programa de la materia y como revisión sobre nuestra historia familiar.

Nunca le había prestado demasiado interés a la cuestión pero dada la circunstancia, inicié la investigación y para mi sorpresa le encontré un sabor demasiado delicioso y adictivo.

Años atrás mi abuelo materno Norberto, interesado en esa cuestión en sus últimos años de vida, hizo un mapa bastante minucioso de sus antepasados determinando la cantidad exacta de hermanos de su padre, que si bien fueron muchos, pocos resistieron pasar hacia más allá de la infancia. De hecho, su padre nació en Uruguay en un momento que se radicó la familia allá por la fiebre amarilla. Todos sus exhaustivos trabajos sobre el tema, hechos en hojas cuadriculadas con letra clara, firme y prolija, me los legó para que en cierta forma los reconstruya.

Me queda pendiente esa tarea.

Volviendo al trabajo de Iniesta, el lado materno estaba todo resuelto por mi abuelo. Los inmigrantes estaban en mi línea de tatarabuelos y eran en su mayoría genoveses y algunos alemanes. En cambio, por el lado paterno todo era más confuso. Con mi abuela la comunicación ya de por sí siempre fue complicada por cuestiones de falta de tacto de su parte y por el lenguaje propio, mezcla de dialectos con italiano, y al tratarse de reconstruir historias y pasado, todo estaba lleno de lagunas y confusión de nombres, o tergiversación de nombres perdidos entre las traducciones o los campos extensos eslavos. Sin embargo, atiné a resolver en parte el enigma con los datos ausentes.

Recientemente mi padre, a raíz de un trámite legal y lo que eso conlleva, estuvo indagando en certificados de matrimonio de sus familiares. Me pasó parte de la documentación que tendría que llevar a certificar y apostillar y entre instrucciones y sugerencias, me comentó con una leve inquietud que al parecer hubo un incesto, según los papeles.

Resulta que su abuelo, Iván (aka Juan), es hijo de Iván Ghersini y María Ghersini. A su vez, su abuelo se casó con Josipa Kalac. Ambos eran de la misma ciudad, Roć. Tengo entendido que mis abuelos nacieron en Hum, en sí, son todas aldeas medievales bastante pequeñas de la ex Yugoeslavia. Más allá del dato endogámico concreto, quizás se tratase de primos hermanos, hermanos o quién vaya a saber ahora realmente; era parte de la historia de campesinos y poblaciones pequeñas, antiguas y segregadas de las grandes ciudades y de sus asuntos sofisticados. 

Supongo que tengo más material para cuando lleve a cabo el árbol genealógico familiar y profundice un poco más sobre las perversiones familiares, comprendiendo el origen y fuente de las propias. Conociendo un poco más sobre la genealogía del error y de la perversión, para hacer honores a los antepasados, a la sangre.

7/8/11

(You gotta) fight for your right (to party)



"El derecho de autor realmente no tiene razón de ser. Yo no tengo derechos. Al contrario, tengo deberes."

Esa gran verdad la dijo Jean-Luc Godard y fue extraída de la siguiente entrevista.

6/8/11

Our own private Ohio


Unos días en Lilian. Olvidemos por un momento la fábrica, la estación de tren y el suburbio colmado de tranquilidad en cada hogar. Lo esencial en este caso, no es invisible a los ojos y está elaborado con sensaciones frescas, real homenaje y feliz revisión sobre las viejas historias de grupos de amigos entrando en la adolescencia. De amistad, amor y cine sci-fi. Hay una importante copa de brindis por Romero y sus viejos zombies, los de "Night of the living dead" y no los de "Survival of the dead", que son puestos en el plano de la decadencia senil de un señor que alguna vez tuvo buenas ideas además intenciones de mal gusto. 

Es vital, plena, emocionante. Apenas se mete en el núcleo del centro del grupo de amigos un alien, caricatura de la criatura de Cloverfield ya que cobra forma a medida que transcurre la película y recién llegando al final toma todas sus dimensiones y abre los ojos al público. Sin la estatura de generosidad del viejo E.T. ni la belicosidad de la criatura de Cloverfield, dominado por el deseo de volver a "casa". Y quizás en ese proceso, voltear algunas figuritas que sólo le brindaron violencia y aislamiento. Y a partir de la empatía de un profesor de ciencias terrorista, generar las primeras sospechas en el grupo de chicos y dar comienzo –entre episodios de cine desastre- a un secreto compartido. Ser testigos anónimos y gozar de impunidad casi absoluta en un hecho que incidirá en toda la población de su ciudad. 

Tiene todo, incluso una oda al "God is my techno" ya caduco como el walkman -presentado aquí como un hecho novedoso- que forma parte del crecimiento de soporte musical de muchos de nosotros. Y obviamente al formato analógico del super 8. 

La vuelta a los viejos estándares del physique du rôle para la puesta de pequeños personajes con excelentes resultados. El gordito que busca valores de producción con todo su idilio metido de lleno en la dirección cinematográfica; la chica dulce y madura que genera la sorpresa de conocer la conquista del sexo opuesto; el piromaniaco que aporta frescura con la gracia de un dibujo animado y finalmente, el héroe sensible, dolido y cargado de cierta oscuridad por un duelo reciente pero con la suficiente valentía como para resolver un puzzle e incluso obtener la prueba de un primer amor verdadero. Y humor en cada diálogo, en cuotas más que apropiadas.


La visión de todo a partir de los chicos, desde la forma de encarar un proyecto común y sostener toda la amistad y el cariño incondicional por eso mismo, ese tesoro que en "The goonies" estaba en el barco pirata, o acá en ese film en super 8. La energía de los chicos, arrasadora. Atropellándose militares, policías, adolescentes THC, evacuaciones, padres ebrios, alienígenas y zombies. La picardía del relato que produce la nostalgia de una educación sentimental y de aventura que ya no volverá, y se puede disfrutar con toda la parafernalia aggiornada en una película actual. Incluso con fuegos de artificio y todo. Hay una muy buena review de Diego Batlle sobre esta película. 

El condimento detectivesco, el análisis sobre los pequeños detalles que todos los adultos dejan pasar, las pistas asociadas para que ellos emprendan la búsqueda que sólo está y podrá estar al alcance de sus ojos como verdad insoluble. Pequeñas dosis pero más que memorables de canciones que dan el marco de la época, y si son cantadas a capella por sus protagonistas aún mejor.

La muerte de una madre, introducción a la película retratada de una forma más que elegante y sutil, el duelo revelado apenas con algunos registros fílmicos y sublimado a través de una operación cursi pero bellísima como es el acto de despojarse del último signo colgante de su vida y recuerdo para activar la maquinaria alienígena que liberará al monstruo de mil patas y regresará la paz a Lilian. 

El bonus track es, nunca olvidemos que ellos emprenden esta aventura contra todo suceso nefasto y volador sólo por esa consigna: "The case", el cortometraje casero que estuvieron haciendo ni más ni menos que durante toda la historia.

Nuestros mejores recuerdos 80s sobre la amistad, el amor, la aventura, el espacio y los sueños, retratados en una preciosa película llamada "Super 8". Los valores de nuestra infancia en películas lejanas, revitalizadas por esta guacha perturbadora emocional.