jueves, 28 de abril de 2005

Canto

La voz se vuelve clara,
la voz se vuelve clara
la intención no del todo
Así cantan las ramas
desde sus brotes más profundos
- Así cantan las ramas, desde los brotes más profundos.

viernes, 22 de abril de 2005

Respuesta a su salud

Bien. Muy bien. Mi amor muy bien. A quienes amo, también, muy bien. Pero de todos mis allegados y afectos, me preocupa mucho esa planta que se está secando en la repisa.

lunes, 11 de abril de 2005

Dragones

Mi necesidad es la misma que la tuya. Cruzar las arbustos y libustrinas para arribar a cada puerta a la que hemos sido lanzados por la estampida de dragones.

jueves, 7 de abril de 2005

La casa de mil puertas

Dos niñas abren la puerta principal y entro lentamente, mirándolas con un deseo carnal de infante oculta en la violencia para reprenderlas; manosear la libertad que las hace centellantes.
El espejo en el pasillo y ahí estoy, en la penumbra de un cuarto revolcándome contra el televisor, blanco y negro, gritando seco.
Cruzo el living para chocarme con mis abuelos, la cama de la abuela agonizando me espera para jugar al diariero. En el patio, cantan dos sapos llenos de heridas. Y más atrás, en el bosque, el seno desnudo de esa mujer descubre los contornos de la luna. Prendo la luz y ahuyento la siniestra oscuridad. Me oculto detrás de la puerta de mis padres y observo las sombras, filtradas por los rayos del televisor. Espero y se hace más oscura la noche. Levita la iguana sobre las redes de la madreselva, lejos de la paloma incubando a su descendencia inmaterial.
La abuela mira el eco de las voces, postrada y muda, con su mano izquierda arrugada abrigando la mía. En la cocina. La boca seca sellada en un punto, distante del murmullo molesto de las reuniones, y así es de breve, la importancia del discurso. Las rastas que caen sobre el pasto de primavera y la voz alegre que evade el tiempo, los relojes de acero. Los hermanos unidos a mi alma como cadenas, como anclas perennes en el Mar Negro.
En la terraza las tortugas combaten una contra la otra, sangrando las hileras de baldosas desteñidas por el sol.
Debajo de la cama me escondo y duermo, sereno con el mundo. Sereno con la cercanía del futuro.
Golpean la puerta y nadie responde. Ni los muertos ni los vivos. Sólo suena la voz del que golpea insistente, y no más.
Prendo el cerillo y aprecio la mecha. El fuego delizándose en los contornos del tapiz, huyendo por las paredes hasta el techo.
Ahora, todos duermen. La perra, el perro, los peces, las aves, los hombres, los niños, las mujeres, los ancianos, los hermanos, los reptiles. La escamas del tiempo. En el negro azul del domingo, en las tardes de jazz.
Tarda en escapar el río por la puerta de atrás, abrazando los cuerpos huéspedes invadidos por la calidez del recuerdo.

martes, 5 de abril de 2005

Soledad de un niño resfriado

Mamá!!
Tengo cascada en mi nariz
y nadie ha venido a zambullirse.

Paseante de avatares

Escapé de mi época
y he venido a ésta.
Por eso pido prestadas vuestras prendas,
señor boticario.
No comprendo los golpes de las estaciones
ni aquí,
ni allá.
Los arrebatos ideológicos de uno
de otro.
No.
Fresco otoño.
No pertenezco a estos paseos,
por más lejos que camine bajo los aguaceros.