domingo, 30 de noviembre de 2008

Indiana, you, me and the fate of Atlantis



El sábado amanecí viendo un pichón de zorzal muerto.

La invasión de babosas y hormigas hizo desastres.

El calor se despidió por las ventanas y se autoinvitaron el viento y el agua. Alguna babosa arrastrando su propia mierda en la cocina. La locura de caminar por el centro de Avellaneda con agua hasta las rodillas y viajar en un colectivo anfibio no es nada a menos que ingrese en una calle fuera de su recorrido y haya vecinos hartos del agua en sus casas y que revoleen botellas y piedras al transporte mientras pasa, proyectiles que rompien cristales y asustan a sus pasajeros. Se oyen los siniestros del chico electrocutado, mientras con las ojotas más resbaladizas y bailarinas se trata de zafar de las bocas de calle y cáscaras de bananas. También de los cocodrilos y pirañas.

Agua. Qué cosa hermosa. Lluvia. Me estaba cansando este verano prematuro.

Escuchar tranquilo y fresco la radio que desconocías totalmente que te invita a hacerte amigo a través de Facebook es raro. Y escucharla y que te guste es todavía más raro. Y que una radio sea amistosa con uno me hace pensar en temas de Queen, Carpenters o Ramones. Nunca tuve relación alguna con la radio, salvo pequeñas excepciones. Se me escapan algunos privilegios.



El reemplazo de Romeo (a.k.a. Misha) vino luego de la visita de mis padres. No tiene nombre por ahora y como es costumbre de la casa, nos cuesta adivinar cuál es su sexo. Creemos que es felina. Y es muy trola y mimosa. Estamos traicionando a nuestra huésped predilecta.





Mi madre me dio la noticia más terrible y conmovedora del reino animal en tiempo: una de las tortugas de agua del estanque que tienen en su casa al parecer está enferma; suponen que se trata de un resfrío o algo símil. La llevaron de una veterinaria a la otra y allí fue cuando mi madre me dijo que vio que el animal se puso a llorar. Y el veterinario la miró y lo confirmó. La historia del camello que llora ya no es importante a esta altura. Sólo importa que la criatura de agua dulce vuelva a comer pronto y se recupere.

Hoy me di cuenta viendo Rois et reine que mi kiosquero favorito del universo es muy parecido a Mathieu Almaric.



Ah! Quiero ver Gummo. Cómo me gusta publicar sandeces, Dios!


1996






1915

sábado, 29 de noviembre de 2008

Ya salió el primer número de la revista El mal paso!‏

Queridos lectores, tengo para ustedes la novedad del milenio. Lo nuevo. Lo fresco.

Salió el primer número de la revista más esperada de la misteriosa y sinuosa Buenos Aires, la cual ya está disponible en algunos selectos puntos de venta ubicados estratégicamente en Argentina, Chile, Brasil, Uruguay, Paraguay, Bolivia, Perú, Venezuela, Canadá, Croacia, Marruecos y Japón.

Revista de culto que reunió admiradores (deseados e indeseados) durante años, que insistieron a través de correos su pronta salida. Para todos ellos, El mal paso lanzó su publicación la cual ya tiene sitio web, el cual pueden visitar aquí.

Algunas críticas a la revista:

"Me hubiera gustado conocer al consejo editorial de la revista. Los hubiera contratado para que me hicieran una limpieza facial y me untaran cremas humectantes. Incluso les hubiera pagado para que me leyeran los obituarios". Jorge Luis Borges

"No la leí aún pero capitalismo y esquizofrenia de por medio, se torna una obligación casi moral recibir este spam". Daniel Link

"Me resultó entretenida. El ejemplar que compré me vino sin el poster doble y se lo reclamé al vendedor y me ignoró. Por medio de esta crítica, elevo la queja a los tipos de la revista". Ricardo Zelarayán

"¡Excelente! Le falta una crítica de música de las nuevas tendencias del indie y llega al máximo punto." Pablo Schanton

"La leí siete veces. No entendí el concepto. Es una porquería pero hay que reconocer que hicieron el esfuerzo para hacerme perder el tiempo". Rodolfo Enrique Fogwill

"Discúlpeme, no entendí la pregunta. ¿Me puede decir de qué me está hablando?". Leonardo Favio

"Me vinieron a visitar una noche a mi rancho. Me pidieron unos permisos para una revista o algo parecido y si podía ser su mecenas. Me dijeron que tenían frío y les di mi poncho sagrado para que se abrigaran entre los cuatro. Cuando volví de la cocina con el café listo, habían desaparecido. ¿Hay algún medio para comunicarse con ellos? Me tienen que devolver el poncho, el Globo de Oro que me gané por Los puentes de Madison y mi último disco de jazz que estaba en proceso de masterización". Clint Eastwood Jr.

martes, 25 de noviembre de 2008

Mañana es 25 de febrero



Desde la trinchera, mi amor
escucho el llanto de un sperm whale clamado por el tren.
Veo pasar el nuevo ferrocarril –ahora azul eléctrico- sobre el viaducto
y escucho el mismo llanto, quizás más moderno
quizás el de alguna especie de ballena desconocida.
Una nenita se acuclilla a unos metros, en la esquina del vivero
y juega con un perro negro.
Continúo el conteo que llevo en la agenda:
veinteseis.
Espasmos de la tarde de calor, infiero debe ser enero.
Me rasco de costado, me separo las pelotas
todas empapadas; se fusionaron entre sí.
Mi cuerpo lleva encarnado el uniforme viejo,
nada me cuelga, es toda una composición homogénea.
Desde la trinchera, amor, veo una gallina descuartizada
que seguramente mataron mientras yo dormía,
¿podés creerlo?
Las tripas están por todas partes, debo tener tripas hasta en mi cara
pero es tarde, no importa. Sigo la cuenta:
Veintisiete.
Un viejo que sale corriendo del monoblock.
Anoto y con las fuerzas que me restan me inclino más
y recuerdo algo, remoto.
Años atrás, cuando hablábamos de un valle.
Una estancia llena de corderos y niños
y una vaca con ubres gigantes.
Se me viene ese recuerdo, no puedo precisar el motivo.
No estás vos presente en la estancia.
Estoy sólo yo. Y un mar rojizo amenaza caer sobre mí.
Sobre la estancia. Sobre las ubres enormes de la vaca.
Ventiocho. Casi. Es un cadáver que se cayó del techo del edificio.
¿Sabés que perdí el cálculo de los días? Llevaba un registro
hasta que un día me rebelé. No quise seguir contando.
¿Tiene sentido contar los días a los que uno está condenado a muerte?
Ahora me arrepiento.
Quisiera saber qué día es hoy.
Estimo que es enero y falta poco para nuestro aniversario.
Desde la trinchera, amor, voy a pensar en nosotros.
Los dos juntos en la cama haciendo el amor.
Eso haré el día de nuestro aniversario,
aunque ya no piense en sexo.
Pienso en números.
Desde hace tiempo sólo pienso en números y eso me mantiene lúcido.
Las personas son números que se mueven y yo los registro.
Me gustan los números, es algo así como el código binario
transportado a las calles, en movimiento.
Bastante similar.
Se hace tarde y no puedo prender más la lámpara de querosén.
Desde hace días que no tengo querosén, además una noche casi me descubren
dos vigías que recorrían en moto el perímetro.
No puedo sentir la noche como antes.
Es una manta fría que se adosa a mi espalda y desde mi trinchera, con las tres últimas balas que me quedan, no puedo más que esperar que desconozcan mi posición.
Ayer volví a rezar. Esa plegaria que nos enseñó tu abuelo. Siempre me pareció idiota.
Ayer no. Ayer la vociferé durante la noche, cuando estaba cagándome los pantalones
del miedo y de la necesidad de cagar.
Hizo efecto. Me sentí purificado, contenido por el aliento de Dios.
Tocado.
Ahora sí: veintiocho.

domingo, 23 de noviembre de 2008

Espora 370



Ya está a la venta mi libro Espora 370. Lo pueden encontrar en la librería Gambito de Alfil, en José Bonifacio (y Puán) 1402. Teléfono: 4432-1304.

Para más información, aquí.

Cuestión de tamaño

Para los amantes de las buenas dimensiones, de cuartos amplios y espaciosos, les recomiendo que se compren el nuevo libro de Taschen.

sábado, 22 de noviembre de 2008

Confesionario



Confieso que cuando estaba en la primaria, a la salida del Pumper Nic al que solíamos ir con mis compañeros, mentí. Le dije a uno de mis compañeros cuando me preguntó la hora -ese día llevaba un reloj pulsera pero jamás lo utilizaba- que mi reloj no funcionaba. En realidad, no sabía leer bien la hora en relojes con agujas, y bajo presión algo imposible. En realidad, sigue costándome bastante descrifrar la hora en relojes con agujas.

Aniceto



El ballet no es algo que puntualmente me interese, mucho menos pasos de tango mezclados con ballet. Pero en manos de Leonardo Favio, tiene otro sabor. En tierras mendocinas de amores bravos, acequias turbias, compadritos bravos y solitarios, peregrinaciones de gitanos, etcétera. Los escenarios -fueron realizados en un búnker de Quilmes- son exquisitos, quizás un recuerdo de películas europeas para la televisión, quizás un recuerdo a esas tardes calurosas de Arturo Ripstein.

El retrato del macho derrumbándose como un pobre idiota, cayendo tras haber cometido la última idiotez posible, el último recurso agónico de un macho solitario. El discurso duplicado para el cortejo de la Francisca, pobre empleada doméstica romántica y soñadora; para la Lucía lo mismo, sólo que rapidita la morocha, una de esas mujeres que son de poco fiar en cuestiones del corazón.

El galardón de la noche se lo llevó el mejor actor: el gallo blanco de Aniceto, que hace todo perfecto. No sé si fueron maquetas o muñecos realmente los de las escenas de riñas de gallos, pero qué imagen, Dios! Ottimo. Es el dueño del tiempo cinematográfico, criatura vil y malvada como su dueño, voraz y desesperada en el ring, sedienta de sangre. Un velociraptor que a donde apunta los ojos, clava el pico. Y para mí, el verdadero amor de Aniceto bondage; no sean ingenuos espectadores que un gallo atado a los pies de la cama de su dueño no es un acto fortuito ni debe ser entendido exclusivamente como una cuestión de seguridad doméstica avícola.

Criminales



El haudenschildGarage, Spare Parts Projects presenta:

Un crimen tiene varias historias
La distancia más corta entre dos puntos nunca es una línea recta

29 de noviembre 2008, Buenos Aires, Argentina


Un crimen tiene varias historias es un proyecto de cadáver exquisito comisionado y producido por Eloisa Haudenschild y Steve Fagin del haudenschildGarage, basado en el cuento de Ricardo Piglia, La loca y el relato del crimen (1975), que acontece en Buenos Aires y que fue tramado junto con los co-conspiradores Judi Werthein, Sonia Becce y Alejandro Ruiz.

El texto de Piglia generará dos obras de sitio específico y un cuento comisionado al escritor argentino Washington Cucurto.

En mayo de 2008, el haudenschildGarage viajó a Buenos Aires para reunirse con la curadora argentina Sonia Becce y la artista argentina Judi Werthein, quienes seleccionaron a un grupo de artistas para el proyecto trabajando en instalación, fotografía y video. De este grupo, el haudenschildGarage y Alejandro Ruiz seleccionaron a los artistas Roberto Jacoby, Fernanda Laguna y Rosalba Mirabella.

El 29 de noviembre de 2008, un espectáculo multidisciplinario de un solo día, organizado por el productor argentino Alejandro Ruiz, comenzará con un video de la elegante interpretación hecha por Ricardo Piglia de su propio texto realizado especialmente para nuestro evento y estrenado en Malba – Fundación Costantini (Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires).

Nos trasladaremos de la recepción de apertura en Malba – Fundación Costantini a la fiesta de cierre en La Boca pasando por los proyectos de Jacoby, Laguna y Mirabella en un banquete ambulante de cultura y comida.

El ultimo capítulo de nuestro espectáculo será la interpretación inaugural del brutal y brillante cuento de Washington Cucurto, comisionado por el haudenschildGarage como respuesta a La loca y el relato del crimen de Piglia. Cucurto y el colectivo literario Eloisa Cartonera realizarán una lectura del cuento en conjunto en su espacio en La Boca. Un catálogo del proyecto completo y una edición limitada de un survival kit, que será proporcionado al auditorio en Malba para facilitar su viaje, serán producidos en colaboración con Eloisa Cartonera.

domingo, 16 de noviembre de 2008

Picnic dominguero



Aaaaaaaaaaaaaaaa...


Baba que se escurre por el piso

(caracol col col col)

cae de tu boca cuando me ves, así, tan divo/divino/bello



posando ante la delicia de tus labios, la delicia de mi gracia

alta gracia que se llena de tu baba



porque poso oliendo una flor de jazmín

¿sabés qué tipo de jazmín es?

es el jazmín del poeta

porque soy un poeta

soy un poeta

soy un poeta

soy un poeta

(y todavía puedo repetirlo sin que se ruborice mi jeta)



¡y rima!

quisiera ser negro

negro como Pharrell Williams

llenar de hip hop no fundamentalista tu boca

llegar hasta tus amígdalas e invadirlas de pus carioca



quisiera ser negra

negra como Beyonce

y revolcar mis tetas sobre tu nariz para que te transformes en mi hechicera.


Fotos: Yamila Montaña

sábado, 15 de noviembre de 2008

La tua lingua sul mio cuore



Es Asia. Ahora está en los cines locales (ahora cuando salió en 2004) The heart is deceitful above all things. De repente, se me viene la imagen de la lagartija subiendo sobre la fachada del taller de Avenida Roca que presenciamos con Yami el miércoles por la madrugada. Corría veloz en vertical adherida a la pared. Corría como esas iguanas que se cruzaban en el camino de tierra cuando hacíamos largos paseos con mi padre en bicicleta por la costa de Sarandí. Es esperanza que todavía sigan habiendo reptiles en el barrio. Es Asia.

viernes, 14 de noviembre de 2008

You met me at a very strange time in my life



Un final que me corrió de lugar elastina y cordis, con una última sentencia por parte de Edward Norton que define con total exactitud mi sentimiento ante todas las relaciones. Un leitmotiv del que no puedo escapar, una sentencia impuesta a la hora de nacer. Y un tema hermoso de Pixies que fue el disparador para que comenzara a escuchar su música. No tengo más para decir.

miércoles, 12 de noviembre de 2008

Piropilingo



No me preguntes cuál es el sentido de ésto, no me trates de comprender.

Ayer estuve en una disquería de Almagro ensuciándome las manos con polvo triste. Polvo va, polvo viene, los dueños se entretienen. Encontré unos discos nobles. No sé cómo entender esa palabra ahora, pero en su momento la entenderé.

Uno de T-Rex pero con los muchachos chorreando maquillaje entre arrugas, detalle del que me di cuenta después de ver mejor la tapa. Nada. Vi la tapa, contratapa. Life's a gas. No, no me gusta su tema, definitivamente.

Los otros eran de Doris y de Prokofiev.

Hoy a la tarde, calor de verano y la cabeza rapada golpeándose contra la ventanilla abierta. Duermevela ya costumbre en los viajes de retorno (e ida) al trabajo. Sentado en el último asiento doble del 159 rosa (L). Otra costumbre es viajar con los chicos de las inferiores de Arsenal que entrenan en Berazategui, un predio pastizal corto que tiene el equipo en el medio de la nada.

Casi me conozco todas sus caras; puedo anticiparme a todos sus movimientos. Son mínimamente soportables cuando caen tendidos en los asientos y se duermen. Eso cuando consiguen asientos libres y si tuvieron un entrenamiento duro (excluyente) Sino el colectivo son ellos, elenco principal. Música en celular. Insultos. Piropos. Golpizas en grupo al chivo expiatorio de la jornada. Empujones. Brutalidad juvenil. Clockwork orange. Diálogos en voz too loud. Cuestión, medio agresivos los borregos.

Sonaba en mi cabeza una versión de Life's a gas, que no era la de T-Rex. Tampoco la de Ramones. Ni una ni la otra. Mejor. ¿Mejor que la de Ramones? Sí, ¿por qué no? El sonido generado me despertó gradualmente y se me abrieron los ojos para mantenerme con la mirada vacilante y moderadamente precavida para no pasarme como otroras veces hasta Isla Maciel y aledaños.

A metros del Alfredo Coto de Sarandí (¿Cucurto repuso ahí? Es importante confirmar ese dato, en el futuro capaz en lugar de plantar una palmera en el frente del supermercado pongan un monolito con la forma de la cara cumbiantera del morenazo cartonero deluxe)

Ya había pasado tiempo atrás que me despertaron bruscamente los futuros astros del balonpié gritando: Rubiaaaaaaaa!!!!!!!! Rubia a una rubia de edad símil a ellos que estaba en la mitad del omnibus, rincón para discapacitados, hablando con su amiga e ignorando las bestialidades que le gritaban en coro los chicuelos. Rubiaaaaaaaaaaaaa!!!!!!!!!!! Como ya se sabe, en grupo somos todos machos. Individualmente, cobardes con algo de voluntad por demostrar indicios de hombría.

Esta vez fue una morocha. Cerca de Coto. Lo dije eso, ¿no? Entonces, luz roja. Meta con morocha, morocha y todo piropo hecho y maltrecho lanzado por las ventanas.

Escena:
todo el asiento trasero ocupado por los más pelotudos, digo, los más joviales y simpáticos jugadores, que seguían gritando hasta que uno mandó:

Me bajo morocha y me voy con vos.

¡¡¡Excelente!!!

El chofer abrió la puerta trasera y le dijo respetuosamente mirando por el espejo: Dale, bajá entonces. ¡Excelente!, robó risa sonrisa algarabía. Todo el colectivo riéndose del ñato que quedó mudo después de que arrancó el colectivo nuevamente, con el esfínter fruncido tiró algo así como "me iba a bajar, eh, pero arrancó, además la que sigue es mi parada". Muy tarde, caballero.

¡¡¡Excelente!!!


La tranquilidad es tan grande cuando se bajan en el viaducto que hasta siento que los extraño a los pebetes. Igual me bajo unas cuadras después y todo queda atrás. Así debe ser.

Ah! Cholulez aparte. Ayer fuimos con Yami a ver a Dani Umpi y Adrián Soiza anticipando dramas de un disco melódico pop up y no tanto, y estaba Alan Pauls con Rita, su hija. Tuve presente cada momento en que los veía juntos uno de los fragmentos de su confesión que leí recientemente en el libro Confesionario de Cecilia Szperling sobre cuando jugaban a los enamorados. Está bueno verlos jugar en vivo y directo.

domingo, 9 de noviembre de 2008

Todo tiene sabor a isla



El calor estival es fuente de imaginación –a pesar de que por el follaje tengo sospechas de que la película fue rodada durante otoño-. El agua y el calor son una excelente combinación. Había leído sobre Furia en la isla, e incluso tenía una versión bastante dañada. Sin embargo ayer encontré un dvd de calidad decente que pude ver en el marco de una noche pesada, invadido de sopor y sed. La Diosa blanca, o mejor dicho, Libertad Leblanc, eterna rival de Isabel Sarli, es una femme fatale con características de travesti coetánea de la Coca que sin dudas, sus mejores tributos no son los faciales (notar los pocos planos a su rostro durante toda la película).

Lilí. Despierta con los senos cansinos frente al despertador estimulada por su trabajo como vendedora de boletos para la lancha de transporte de su tío, puesto donde obtiene los mejores halagos y actos hidalgos por parte de los viajeros, provocando situaciones de conflicto marital en los esposos con láminas de baba corriendo por sus labios. El agua del Tigre, esa borrosa imaginación por la que pasamos tantos, nos bañamos tantos, nos hemos encastrado bagres entre las piernas o pisado extraños elementos que anhelábamos que sólo fueran rocas o cangrejos. En ese entonces era la tierra de recreos inhóspita y agreste donde afloraba el amor libre, tierra que había sido aclamada por Borges, habitada por aborígenes, Sarmiento, carpinchos, pirañas del Paraná. Todavía no existía ni el Tren ni el Parque de la Costa, ni contaba con la casa del exilio de Omar Chabán. Tampoco la invasión de turistas.

Tal como Pitufina, Leblanc es asediada desmesuradamente por todos los habitantes de la isla (aldea). Una referencia más para todas las que pude encontrar en este film. Al parecer, la mesera Tonina y sus encantos voluptuosos ya envejecidos no bastan para la testosterona de los machos cabríos que lanzan miradas lascivas sin cesar; arrebatan las manos de Leblanc cada vez que pasa por la fonda bruscamente.

Los cañaverales son el albergue transitorio de la isla, que luego prenderán fuego a raíz de los celos y como justicia heroica para combatir el espacio pecaminoso del territorio. Pero no todo es sexo. Hay denuncia política y social. Una red mafiosa, liderada por tres hombres (Excelencia es la cabeza del grupo) que siempre aparecerán a oscuras y a espaldas de los televidentes, son quienes organizan la espantosa Operación Tigre. Los elegidos son tres emisarios delictivos: una lesbiana mod, un Charles Bronson latino con dos líneas de diálogo y un hombrecito que decidió camuflarse para la misión como Raúl Juliá.

Oscar Cabeillou, el director, nada tiene que envidiarle a Jesús Franco o a Armando Bó. Produce un clima sinuoso, repleto de vorágine, diálogos poéticos sobre el arraigo contradictorio a la isla, acción y persecuciones que hacen de Furia en la isla una cinta enigmática, una pieza de culto para todos los amantes del cine. No dejar pasar el detalle de los policías motorizados persiguiendo a los emisarios del mal. También está presente el conflicto moral y ético producto de las riquezas mal usufructuadas, o bien, de obtener un dinero extra prestando servicios de transporte a tres engendros que tienen una operación entre manos muy destructiva, muy misteriosa de la cual nunca sabremos nada más que eso.

Las transiciones son increíbles. El congelamiento de cámara o el paso de un fotograma desplanzándose lateralmente hacia otro totalmente desconectado es una exquisitez única. O los cambios de color de escena (amamos tanto al Technicolor). Todo tiene su motivo, nada es al azar o mero capricho artístico. Como la comunidad afroamericana que está en la isla. Wes Anderson se inspiró en esa criatura negra que tocaba intermitentemente sus baladas de amor con su guitarra en escenas estratégicas, payador criollo exótico que iluminaba los amores y charlas en la intimidad de la fonda o la intemperie, alegrando las mañanas de Leblanc. Seu Jorge salido de la favela y los morros para llegar al Delta y cambiar su repertorio de David Bowie por otro (otro, otro, otro) está presente en este film cediéndole el espíritu a Rey Charol; la producción no escatimaba en ideas, ni en ponerlas en práctica en absoluto.

Los bailes a go-go cerca del muelle, donde mujeres y hombres sacuden piernas y brazos al ritmo del río que avanzaba y crecía, mientras sus pantalones oxford vuelan con la furia del deseo, la velocidad incierta de la moda. Roberto Sánchez, o por qué no, Isidoro Cañones, podrían haber estado entre los danzantes pero un detalle no menor, es que en esta película no existe la noche, factor importante para fundamentar la ausencia de ambos sujetos. O bien, existe el día que debería intepretarse como noche con la invasión de sonidos de grillos (también mosquitos y tábanos invisibles pero comprensibles) y sapos eructando el néctar tropical de The Buenos Aires Affair. De todas formas, el mejor baile lo hizo la Diosa blanca cuando con un diminuto vestido apretado blanco (valga la redundancia en gammas y matisses) generó una coreografía llena de candomblé que incluso dio lugar a un breve musical, donde Leblanc alzó la voz y fue la sirena del Tigre, cortejando a los tres morenos que bailaron junto a ella dejando obnubilados al resto de los danzantes, confinados al margen del asunto. La coreografía, en la que Leblanc y los morenos se tocaban mutuamente sus traseros sensualmente, culmina con ella alzada por seis manos negras y un plano a sus senos descubiertos y su cara siempre en éxtasis (en esta oportunidad no gemía apresurada ni forzosamente como en otras). Extrañamente, los tres morenos estaban sin sus camisas, las que tenían segundos atrás. El montaje es único, una pieza de realismo mágico de río y calor. Tom Sawyer los envidia mientras bastardea al agua y a la falta de pique.

Sexo. Claro que hubo. Debería remitirme a tres estadíos. El sexo permitido y bien visto, que Leblanc practicó con Enzo Viena, difunto actor que supo ser galán de época y ganarse los elogios de toda una tribuna femenina, quien hacía de novio ingenuo y laborioso, preocupado por el futuro de la pareja y de consgrarse eternamente a esa mujer de la naturaleza, tan libre, tan le blanc. En esta ocasión la lujuria fue escasa, así como el paneo anatómico. El segundo coito fue extraconyugal, con el tonificado y trabajoso cuerpo del malvado Charles Bronson. Un romance fugaz en un establo con caballos inquietos como testigos–Sarli debería estar revolcándose en su lecho de amor con Bó al ver ésto- y sus cuerpos totalmente desnudos fornicando sin pausa en posiciones extrañas y poco conocidas en tierras latinoamericanas. Infiero que deben haber consultado o haberse asesorado con algún sexólogo indio en estas cuestiones. No olviden prestar suma atención a las metáforas sexuales de la lluvia cayendo sobre el techo de chapa o drenando en un caño. Delicia. El tercer estadío fue divergente en toda su naturaleza contextual. La criminal mod, quien ya había echado sus ojos al cuerpo de Lilí, aprovecha la oportunidad cuando la rapta y la tiene bajo sus manos en el cuarto de la lancha, para consagrar sus manos y su boca al cuerpo de la platinum gold. Ante su negación, acude a la violencia y la escena lésbica es breve, pero dentro de lo acotada que fue, la chica mod dijo uno de los mejores parlamentos:

-No pensé que iba a encontrar algo tan de mi gusto en esta isla.

Estafas. Un mudo piromaníaco que sabe partir maderas con su abdomen. Vendedores de madera engañados y mal pagados. Maquetas de barcos en llamas. Pervertidos a la luz del día. El asesinato de Tonina y su viudo, Ambrosio, que consuma un nuevo matrimonio luego del velorio con la hermana de Tonina, una mujer más joven y de carnes más ligeras que su hermana mayor. La promiscuidad está en la sangre, la genética es exacta y no tiene errores. Gracias a ello pudimos ver una escena salida de una película de Luis Buñuel, donde Ambrosio, desconcertado por las insinuaciones de miradas speed entre un joven comensal de la fonda con su nueva esposa, tiene un brote de celos. Mira a cada mesa y de la naturalidad del disfrute culinario familiar, pasan a un plano alternativo en tintes rojos donde le hacen muecas expresándole que su nueva esposa es una Valeria Mesalina, una adúltera. Se repite el gesto en todas las mesas, incluso al verse en el reflejo de una damajuana está él mismo haciendo el gesto con sus manos ostentando un cuerno diabólico, cómo sino de otra manera. Insano onírico.

El planeta de los simios. Otra referencia que vaga en la Feria en la isla (no vi artículos de mimbre en todo el metraje). La pelea entre el Odiseo nacionalizado argentino y uno de los acechadores / pretendientes de su dama, en el que combaten con antorchas de fuego improvisadas, alimentadas por los testigos de la isla que le dan querosén y aliento a la riña. Todo desenlace, como se sabe, naturalmente es trágico. Y habría más muertes.

Los tres secuaces de Su Excelencia mueren en un marco de justicia impartido por los localistas tigrenses y el destacamento policial de la región. La muerte más movilizante es la de la chica mod, que luego de correr y disparar a sus persecutores, se refugia en el actual Museo de Arte Tigre, condenada a morir degollada por la chapa que transportaba un camión que pasaba casualmente debajo del puente de donde ella se cae. Aquí, hay una buena reflexión que creo que le pertenece a Fernando Martín Peña:

“Muchos films argentinos ubican en el mismo plano moral a la conducta homosexual con la criminalidad, pero ninguno desarrolla tanto el arquetipo de la lesbiana delincuente como Furia en la isla. La actriz María José Lefer interpreta a Elizabeth, miembro de una banda de delincuentes y admiradora de los abundantes encantos de la protagonista Leblanc. Eventualmente Elizabeth es descubierta y perseguida por la gendarmería, pero no sólo encuentra un final mucho más contundente que el de sus compañeros criminales, sino que además recibe una frase atroz a modo de epitafio: “Todas éstas terminan igual”.

La poética de la cabeza rodando por el pavimento. Luego la escena del crimen donde queda el cuerpo decapitado marcado con tiza y las ruedas de los vehículos pasando copiosamente sobre el rastro pericial. Las hojas, la metáfora del tiempo. Hasta que la tiza no es nada. Todo fue borrado por la distancia. La furia llegó a su fin. El polémico film llega al desencanto del final, porque tras la última sentencia de Su Excelencia, espero la secuela. Hay rumores de que Lucrecia Martel podría hacerla y Leblanc ya estaría firmando contrato en estos días. Es cuestión de esperar y calmar las aguas pantanosas cada vez menos transitables por cuerpos humanos, despiadadamente polutas. De todas formas, ¿qué le hace una lancha más al Tigre?

Welcome to the yonkis paradise

sábado, 8 de noviembre de 2008

Puta



Escupir un “puta” tiene efecto de sablazo. Según cómo se escuche/mire: puede ser antesala lasciva o menoscabo. Ninguna época escapó de rescatarlas de los márgenes y volverlas “obras de arte”: objetos/ sujetos en sí. Quizás una forma más de quitarle humanidad a la mujer. Ya sea para cantarlas, terminar de denigrarlas o marcar supuestas transgresiones.

(Siga leyendo...)

Artículo de Silvana Avellaneda para Ruleta China.

jueves, 6 de noviembre de 2008


Cuadros de una exposición

Alfredo Prior | Nahuel Vecino

Técnicas mixtas
del jueves 20 de noviembre de 2008 al jueves 1 de enero de 2009
en Galería Vasari, Esmeralda 1357, Capital Federal.