Menos ionizante que la radioterapia pero con poderes al fin, este espacio que denominé "Crítica cultural" -con cierto humor y vanidad, por qué no- es donde estaré actualizando los audios de la columna de cultura que hago en el programa TKn Radial en FM La Tecno 88.3.
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30/3/15
Radioterapia
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6/9/14
The evil of the thriller
Darkness falls across the land
The midnight hour is close at hand
Creatures crawl in search of blood
To terrorize y'awl's neighborhood
And whosoever shall be found
Without the soul for getting down
Must stand and face the hounds of hell
And rot inside a corpse's shell
The foulest stench is in the air
The funk of forty thousand years
And grizzly ghouls from every tomb
Are closing in to seal your doom
And though you fight to stay alive
Your body starts to shiver
For no mere mortal can resist
The evil of the thriller
The demons squeal in sheer delight
Itπs you they spy, so plump, so right
For although the groove is hard to beat
It's still you stand with frozen feet
You try to run, you try to scream
But no more sun you'll ever see
For evil reached from the crypt
To crush you in it's icy grip.
The demons squeal in sheer delight
Itπs you they spy, so plump, so right
For although the groove is hard to beat
It's still you stand with frozen feet
You try to run, you try to scream
But no more sun you'll ever see
For evil reached from the crypt
To crush you in it's icy grip.
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3/8/13
Black Zodiac
Ensombrecidos por el tiempo, los maestros, como los recuerdos, se mezclan
Y confunden,
y se apoltronan en los sillones de jardín, como un aire
Disperso, aire en la claridad de la nada.
¿Qué podríamos decirle a cada uno?
¿Cómo pueden ser tan claros y oscuros a la vez?
Nos sacan de quicio,
desaliñan las hojas de los árboles de agosto.
De pronto se detienen, abruptamente, como el viento.
Regresan las moscas y el calor:
¿qué podemos decirles?
Sólo el cielo es infinito.
Las moscas vuelven, y la tarde
Se estremece suavemente en sus verdes orillas
luego se asienta como peso muerto
Junto a nuestros recuerdos, y las gastadas bastillas de los maestros.
Los que buscan al Señor elevarán su plegaria en alabanza.
Quizá. Pero quizá no,
somos polvo y ceniza,
Algunos se alejarán sin aliento, algunos
Escucharán el camino de entrada con sus bocas
Donde los ponga el dolor, unos cuantos centímetros sobre el suelo.
Y algunos, por amor y profundo desdén
lo injuriarán.
Como un eclipse las puertas de la misericordia nos ensombrecen
por dentro.
Hileras de tumbas reafirman nuestros pasos,
la humedad de agosto
Resplandece como el aura de nuestro cuerpo.
Y algunos pronunciarán las palabras,
hablando en miedo y lenguas,
Odiando sus vestiduras manchadas por la carne.
Esos son los afortunados, los ninguneados, los dos veces borrados.
Dante y Juan Crisóstomo
Pudieran esta tarde encontrar una carta estelar,
Una guía para el peregrino...
Quizá tú también
Bajo el amarillento esbozo de la luna menguante,
Nubes cinglando cielo abajo como una narración para la incertidumbre,
Lo que no ha sucedido que está por suceder
Ocultándose todavía tras las estrellas,
agosto 31, 1995...
La vida después de la vida de los insectos, graffiti del espacio,
hoyos blancos
En el paisaje,
tales cosas, avenidas que conducen al polvo
Y cuidan de nuestro dolor.
Cielo azul, azul de infinito, azules
aguas sobre la tierra:
¿Por qué las grandes historias ocurren siempre en el pasado?
-
La vida sin examinar no es distinta a
una vida examinada.
Preguntas sin respuestas, comentarios sin importancia,
Teoremas por probar, argumentos ya sin interés,
Hay que escribirlo todo:
El paisaje, las marinas, lo que dure la luz sobre los siempreverdes,
La orilla oscura de la noche,
tienes que escribirlo.
El pañuelo de la memoria, el sueño de la muerte y el automóvil,
El sueño de Dios,
aún debes escribirlo,
Luna medio vacía, luna medio llena,
Noche sin estrellas y sin yo, noche negra de sangre y oscura plegaria,
Araña hilando entre los setos,
Última llamada del ave,
sapo en sitio húmedo, rana de árbol en lo seco...
Nos vamos a nuestras tumbas con sentimientos triviales,
Satisfacciones heredadas, con sólo la mitad del alma,
cartas estelares ya sin atracción.
Nos vamos en nuestro mejor traje. Los pájaros vuelan. Las nubes pasan.
Seguros de nuestro frío e intocables,
pero sin abrigar el mal.
Ningún apetito en armonía con el rencor de la escisión,
vivimos fuera de aquí y somos dulce carne.
Calígrafos de lo incorpóreo, custodios de la palabra de Dios,
¿Qué letras iluminaremos?
Sobre nosotros, la atmósfera,
La nada que está en ninguna parte, sin discutir, espera una señal
y llama.
Por encima de nosotros, las grandes constelaciones se recogen y ocultan,
Las letras resplandecen, se acercan,
Tu X y mi X.
Las letras resplandecen, se aproximan.
-
Evasores de la memoria, sueño nocturno de invernadero,
Espíritu de deslices y silencios,
Mano Invisible,
Da testimonio y avanza.
Señores de lo discontinuo, señores de los pequeños gestos,
Socórranme en mi esfuerzo y sálvenme...
Toda la tarde la lluvia lloviendo en mi mente,
Y en los jardines y la orquídea enana.
Toda la tarde
El lexicón del verano tardío ha revisado sus páginas
Bajo la lluvia,
abstrayendo la palabra necesaria.
El otoño está sobre nosotros.
La lluvia llena nuestros angostos lechos.
La descripción es un elemento, como el aire o el agua.
Eso es la palabra.
Charles Wright, Zodíaco negro (1998)
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7/6/09
Primer testamento

Quería huir del agua y todos los caminos me llevaban a ella. De una espada que colgaba sobre mí sentía el perfume, de la cuerda que la sostenía oía romperse las fibras, el presentimiento de su peso asesino presionaba al aire sobre mi cráneo: percibía que a la fatalidad de su caída no escapaban distancias. Más aún: creía entender que era un carcelero irritable y ubicuo al que las fugas la multiplicaban los cuchillos. Por eso, terminé por ir al río y por eso muchas noches merodeé en torno suyo a lo largo de la avenida Costanera. ¡Sabias y sagradas visiones!
de Héctor Murena
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6/4/09
Ouch!
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17/1/09
Howling at a Concrete Moon (found poetry)

"...my soul smells like a dead pigeon after three weeks.
I shut my window and go to sleep.
In my dream
I eat corn with my eyes."
de Maurice Lester Szyslak
2/12/08
13/11/08
Kazuo Ohno: Love on the Beat
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21/10/08
Spam Panky
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5/10/08
El visitante

Ricagno es Droopy. Por eso no me extraña que esté festejando más de 1.000.000 de visitas, comentarios y algún que otro posteo en quién sabe qué blog junto con Link. Ya nada me asombra, perdí esa capacidad unos....diez años atrás. Pero sí puedo hacer observaciones objetivas acerca del asombro, claro. A mí me simpatizaba más su faceta comentarista bajo la mirada nipona de Chihi. Los tiempos cambian, la gente cambia pero eso sí, nunca me consideraré bajo ninguna circunstancia blogger ni que escribo o hago croquis deformes de mi realidad en un lugar llamado blog. Por defecto, y en efecto, hermano Jan y contribuyente a la causa entomóloga. Y sí, soy lo que soy.
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15/9/08
Aquellas viejas tardes de bajo y sol
Allá por el año 2000 -me recuerda inevitablemente a Los Gatos- en mi año sabático tomé por primera vez clases de bajo. Una vecina le había pasado a mi madre el teléfono de un profesor de música que había tenido en la secundaria y decía que era muy copado; por ende, allí fui.Iba los sábados a la casa de sus padres en Avellaneda y comencé a trabajar con bastante libertad y poco academicismo. El profesor se llamaba (llama) Hernán Hayet. Trabajábamos en una mesa larga con una batería electrónica y nuestros respectivos bajos diferentes canciones populares; aprendía cuestiones teóricas y algunas experimentales, cuando vio por dónde venía mi interés. A veces aparecían sus padres y me saludaban cariñosamente, o estaba la presencia del gato durmiendo en uno de los sillones, las aves picoteando insectos en el patio trasero. Registrábamos todo en cassettes que escuchaba en casa para practicar y generar canciones propias con la batería del teclado.
Aprendí todo lo que sé del bajo con él y otras tantas cosas. Me prestó cassettes de Screaming Headless Torsos y de Jaco Pastorius. Conocí su bondad infinita, su generosidad y su genio musical. Nunca pude dejar de sentir que era parecido a MacGyver. En aquel entonces iba a verlo a los recitales que hacía con sus bandas que por lo general siempre eran tríos y variaban mínimamente su formación. Algunas veces sonaban en alguna radio. También recuerdo que le había canjeado un pedal que había comprado para mi bajo por clases, aunque se quedó con el pedal y nunca (creo) me cedió las clases pactadas. Me dio algunas lecciones que siguen vigentes en mí, lecciones de vida.
Al otro año seguí yendo pero a la casa que tenía en Caballito y al tiempo deserté, motivado por mi espíritu abandónico. Nos volvimos a ver en algunas ocasiones esporádicas e imprevistas, cuando con Gordöloco Trío ya comenzaba a tener buena difusión y alcance entre los degustadores de jazz experimental. La última oportunidad en que lo ví fue el año pasado en Barraca Vorticista, con motivo de la presentación de un libro de la editorial Carne Argentina. Allí estuvimos Joaco, Chami y yo (en la foto se ven nuestras respectivas cabezas). Y en estos tiempos que corren vuelan y saltimbanqui anduve molestando a los muchachos de Fedro dos fines de semana consecutivos por el disco solista que sacó de cajitas musicales. Los sellos independientes prometen puntos de venta y el comprador va y no acepta noses. En fin, ya llegará a mis manos cuando la divina distribución haga sus honores correspondientes.
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4/9/08
¡Miren que bien que estoy!

Bicho Bolita (o el amigo Riqui) es un genio.
Tan simple como eso. Un músico de la ostia.
Y es un flaming dibujante en paintbrush.
Escuchad, queridos. Dede NewKen para el cosmos.
16/8/08
El misterio bajo el diez
Juan Román es el único jugador actual que me despierta simpatías de todo tipo. No confundir con otro Juan Román, por favor, seamos respestuosos. De quien hablo es de Riquelme.
Siempre me deslumbró su juego, y aunque esté muy lejos de ser un experto en lo futbolístico, tengo el criterio de saber quién juega bien o mal. Pero esa no es la cuestión con Juan Román. Está muy lejos de mí cuestionar su destreza y talento. Lo que me interesa abordar y explorar es el misterio de su sujeto, de su creación y el halo que lo vuelve una figura rara en el deporte local. Un extraño en el paradigma del futbolista posmoderno.
Se hace respetar sin dar grandes discursos, es más, pocas veces se mezcla con los medios o da notas. Desconozco su vida privada y me complace que sea así. Sus aportes son más bien lacónicos y lo único que me perturbó fue su aparición en los noticiosos con ese video en el que declaraba por qué iba a dejar la selección nacional. Contradicciones hacen al ser humano, así que volvió.
Esa elegancia inmutable, que conserva desde que lo vi por primera vez, aquel adolescente de las inferiores de Argentino Juniors. E incluso conserva el mismo corte de siempre, el mismo rostro como si el tiempo no hubiera pasado para él. Y sí, el tiene el poder de conservar la pelota entre sus pies y hacer lo que desee con ella, sea retenerla como si estuviera unida a sus pies o simplemente buscar la fantasía, la ficción del fútbol. Todo es ficción y él lo sabe bien.
Esa rebeldía constante contra las autoridades y sus arbitrariedades. Pasó en su momento con Macri, más tarde con Pellegrini. La madre patria no lo recibió como debía, o nunca lo comprendió. Por eso está atado a sus defensores, que deben ser una cifra igual a la de sus detractores. Y ese odio amor lo hace más humano, más interesante. Dentro de la industria futbolística millonaria a la que él también está adherido, hizo siempre lo que quiso. Tomó sus decisiones por amor. Y creo que el único que valoró
realmente su genialidad fue el ex anarco Carlos Bianchi, otro maestro con el que me gustaría en algún momento sentarme para hablar de inmigrantes y antepasados, café de por medio. O con un vino.
Todos notamos su cansancio. Desde que comienza el partido, muestra síntomas de cansancio, como si atravesara la gran vejez y fuera un veterano, o supongamos, trepó días atrás el Everest. La parsimonia para caminar, o trotar en el más extremo de los casos. -la oportunidad en que lo vi correr como nunca fue en aquella publicidad de desodorante repleta de estrellas internacionales del fútbol-. Impasible. Nunca -o ínfimas veces- demostró interés en pelear una pelota que le quitaran, ni hacer grandes esfuerzos para una marca. Lo suyo es el salto y la precisión matemática, una inteligencia mortal -para sus oponentes- en el que vuelca una pelota con un pase desde la distancia que sea, para generar una situación de gol. Sólo tenés que esperar su pase entre las piernas y estás en el lugar y momento indicado para anotar.
Sí, es quejón. Pero o todos los árbitros están equivocados, o él siempre tiene razón cuando se queja. Una falta y él sólo se detiene, no hace mucho más que eso y agita un poco los brazos para manifestar su molestia y ahí, el tiro libre. Seguramente lo haga él, y si le interesa, puede hacer una maravilla. Si no le interesa, probará suerte, experimentará quizás algún tiro excéntrico que será un desastre. Sí, es un excéntrico también. Y un jugador experimental. No olviden sus tiros de esquinas que rozan -o llegan- los goles.
Sus festejos son tan moderados y discretos como su figura. No es el clásico arengador efusivo, en lo absoluto. Es más, siempre da la impresión de estar aburrido o demasiado concentrado en el juego. Y en los partidos en que no está interesado, no juega. Está en la cancha pero no da señales de estarlo, pasa a ser un sujeto invisible. Y él quiere eso. Elige dentro de la maquinaria de este aparato del deporte, qué le interesa o no.
Juan Román es el centro. El engranaje de todo equipo y toda esa presión, por decirlo con sencillez y sin eufemismos, se la pasa bien por el orto. Le importa hacer lo que él quiere, aportando al juego colectivo cuando quiere. Si no, está ausente. Pensando en quién sabrá qué. Agotado. Con esa cara inexpresiva que lo caracteriza, como un hombre sufrido en el que todo el dolor conocido y por conocer, recorrió su cuerpo y sólo queda eso que se ve, no mucho más.
Y es paz. Verlo tomar la pelota transmite paz, seguridad. Tranquilidad. Porque dentro de toda la urgencia del fútbol, la obligación de la conquista de puntos y dinero, la desmesura y el jogo bonito a veces innecesario, él hace todo con tranquilidad, tomándose su tiempo. Se detiene y descansa el juego. El partido entra en pausa. No se guía por el cronómetro y su tiempo es el del universo. No hay registro de los segundos. Otro argumento para odiarlo que toman sus contrapartidarios.
Fair play es lo suyo, sin proponérselo como un slogan. Simplemente es justo y no está ligado con la violencia del fútbol. Un jugador diferente. Puede ser. Raro. Para mí es misterioso. Es épico. No es fútbol, lo suyo es otra cosa. Eso sí, la única vez que recuerdo que lo sancionaron -y expulsaron- reaccionó. Ahí se despertó y como siempre, fue claro y preciso. La precisión y el misterio son lo suyo.
Siempre me deslumbró su juego, y aunque esté muy lejos de ser un experto en lo futbolístico, tengo el criterio de saber quién juega bien o mal. Pero esa no es la cuestión con Juan Román. Está muy lejos de mí cuestionar su destreza y talento. Lo que me interesa abordar y explorar es el misterio de su sujeto, de su creación y el halo que lo vuelve una figura rara en el deporte local. Un extraño en el paradigma del futbolista posmoderno.
Se hace respetar sin dar grandes discursos, es más, pocas veces se mezcla con los medios o da notas. Desconozco su vida privada y me complace que sea así. Sus aportes son más bien lacónicos y lo único que me perturbó fue su aparición en los noticiosos con ese video en el que declaraba por qué iba a dejar la selección nacional. Contradicciones hacen al ser humano, así que volvió.
Esa elegancia inmutable, que conserva desde que lo vi por primera vez, aquel adolescente de las inferiores de Argentino Juniors. E incluso conserva el mismo corte de siempre, el mismo rostro como si el tiempo no hubiera pasado para él. Y sí, el tiene el poder de conservar la pelota entre sus pies y hacer lo que desee con ella, sea retenerla como si estuviera unida a sus pies o simplemente buscar la fantasía, la ficción del fútbol. Todo es ficción y él lo sabe bien.
Esa rebeldía constante contra las autoridades y sus arbitrariedades. Pasó en su momento con Macri, más tarde con Pellegrini. La madre patria no lo recibió como debía, o nunca lo comprendió. Por eso está atado a sus defensores, que deben ser una cifra igual a la de sus detractores. Y ese odio amor lo hace más humano, más interesante. Dentro de la industria futbolística millonaria a la que él también está adherido, hizo siempre lo que quiso. Tomó sus decisiones por amor. Y creo que el único que valoró
realmente su genialidad fue el ex anarco Carlos Bianchi, otro maestro con el que me gustaría en algún momento sentarme para hablar de inmigrantes y antepasados, café de por medio. O con un vino.Todos notamos su cansancio. Desde que comienza el partido, muestra síntomas de cansancio, como si atravesara la gran vejez y fuera un veterano, o supongamos, trepó días atrás el Everest. La parsimonia para caminar, o trotar en el más extremo de los casos. -la oportunidad en que lo vi correr como nunca fue en aquella publicidad de desodorante repleta de estrellas internacionales del fútbol-. Impasible. Nunca -o ínfimas veces- demostró interés en pelear una pelota que le quitaran, ni hacer grandes esfuerzos para una marca. Lo suyo es el salto y la precisión matemática, una inteligencia mortal -para sus oponentes- en el que vuelca una pelota con un pase desde la distancia que sea, para generar una situación de gol. Sólo tenés que esperar su pase entre las piernas y estás en el lugar y momento indicado para anotar.
Sí, es quejón. Pero o todos los árbitros están equivocados, o él siempre tiene razón cuando se queja. Una falta y él sólo se detiene, no hace mucho más que eso y agita un poco los brazos para manifestar su molestia y ahí, el tiro libre. Seguramente lo haga él, y si le interesa, puede hacer una maravilla. Si no le interesa, probará suerte, experimentará quizás algún tiro excéntrico que será un desastre. Sí, es un excéntrico también. Y un jugador experimental. No olviden sus tiros de esquinas que rozan -o llegan- los goles.
Sus festejos son tan moderados y discretos como su figura. No es el clásico arengador efusivo, en lo absoluto. Es más, siempre da la impresión de estar aburrido o demasiado concentrado en el juego. Y en los partidos en que no está interesado, no juega. Está en la cancha pero no da señales de estarlo, pasa a ser un sujeto invisible. Y él quiere eso. Elige dentro de la maquinaria de este aparato del deporte, qué le interesa o no.
Juan Román es el centro. El engranaje de todo equipo y toda esa presión, por decirlo con sencillez y sin eufemismos, se la pasa bien por el orto. Le importa hacer lo que él quiere, aportando al juego colectivo cuando quiere. Si no, está ausente. Pensando en quién sabrá qué. Agotado. Con esa cara inexpresiva que lo caracteriza, como un hombre sufrido en el que todo el dolor conocido y por conocer, recorrió su cuerpo y sólo queda eso que se ve, no mucho más.
Y es paz. Verlo tomar la pelota transmite paz, seguridad. Tranquilidad. Porque dentro de toda la urgencia del fútbol, la obligación de la conquista de puntos y dinero, la desmesura y el jogo bonito a veces innecesario, él hace todo con tranquilidad, tomándose su tiempo. Se detiene y descansa el juego. El partido entra en pausa. No se guía por el cronómetro y su tiempo es el del universo. No hay registro de los segundos. Otro argumento para odiarlo que toman sus contrapartidarios.
Fair play es lo suyo, sin proponérselo como un slogan. Simplemente es justo y no está ligado con la violencia del fútbol. Un jugador diferente. Puede ser. Raro. Para mí es misterioso. Es épico. No es fútbol, lo suyo es otra cosa. Eso sí, la única vez que recuerdo que lo sancionaron -y expulsaron- reaccionó. Ahí se despertó y como siempre, fue claro y preciso. La precisión y el misterio son lo suyo.
20/7/08
Desde el verdadero spleen de Boedo
escucha la voz,
el canto imperceptible de
la brisa que sacude estos árboles,
acompaña al escarabajo que se dirige hacia la luz.
piérdete en las corrientes del río,
sus crecidas no te ahogarán;
y aunque baje siempre aplacará la sed.
que el agua apoye sus labios en tus rodillas.
mira al sol de frente, todo se esfumará.
al observar la noche no temas caer.
no intentes explicarte nada,
la naturaleza es demasiado digna
como para precisar de construcciones abstractas.
por eso dios (está en mi aliento).
de Joaquín dos Santos
Entre Ríos, febrero 2005
el canto imperceptible de
la brisa que sacude estos árboles,
acompaña al escarabajo que se dirige hacia la luz.
piérdete en las corrientes del río,
sus crecidas no te ahogarán;
y aunque baje siempre aplacará la sed.
que el agua apoye sus labios en tus rodillas.
mira al sol de frente, todo se esfumará.
al observar la noche no temas caer.
no intentes explicarte nada,
la naturaleza es demasiado digna
como para precisar de construcciones abstractas.
por eso dios (está en mi aliento).
de Joaquín dos Santos
Entre Ríos, febrero 2005
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