lunes, 15 de septiembre de 2008

Aquellas viejas tardes de bajo y sol

Allá por el año 2000 -me recuerda inevitablemente a Los Gatos- en mi año sabático tomé por primera vez clases de bajo. Una vecina le había pasado a mi madre el teléfono de un profesor de música que había tenido en la secundaria y decía que era muy copado; por ende, allí fui.

Iba los sábados a la casa de sus padres en Avellaneda y comencé a trabajar con bastante libertad y poco academicismo. El profesor se llamaba (llama) Hernán Hayet. Trabajábamos en una mesa larga con una batería electrónica y nuestros respectivos bajos diferentes canciones populares; aprendía cuestiones teóricas y algunas experimentales, cuando vio por dónde venía mi interés. A veces aparecían sus padres y me saludaban cariñosamente, o estaba la presencia del gato durmiendo en uno de los sillones, las aves picoteando insectos en el patio trasero. Registrábamos todo en cassettes que escuchaba en casa para practicar y generar canciones propias con la batería del teclado.

Aprendí todo lo que sé del bajo con él y otras tantas cosas. Me prestó cassettes de Screaming Headless Torsos y de Jaco Pastorius. Conocí su bondad infinita, su generosidad y su genio musical. Nunca pude dejar de sentir que era parecido a MacGyver. En aquel entonces iba a verlo a los recitales que hacía con sus bandas que por lo general siempre eran tríos y variaban mínimamente su formación. Algunas veces sonaban en alguna radio. También recuerdo que le había canjeado un pedal que había comprado para mi bajo por clases, aunque se quedó con el pedal y nunca (creo) me cedió las clases pactadas. Me dio algunas lecciones que siguen vigentes en mí, lecciones de vida.

Al otro año seguí yendo pero a la casa que tenía en Caballito y al tiempo deserté, motivado por mi espíritu abandónico. Nos volvimos a ver en algunas ocasiones esporádicas e imprevistas, cuando con Gordöloco Trío ya comenzaba a tener buena difusión y alcance entre los degustadores de jazz experimental. La última oportunidad en que lo ví fue el año pasado en Barraca Vorticista, con motivo de la presentación de un libro de la editorial Carne Argentina. Allí estuvimos Joaco, Chami y yo (en la foto se ven nuestras respectivas cabezas). Y en estos tiempos que corren vuelan y saltimbanqui anduve molestando a los muchachos de Fedro dos fines de semana consecutivos por el disco solista que sacó de cajitas musicales. Los sellos independientes prometen puntos de venta y el comprador va y no acepta noses. En fin, ya llegará a mis manos cuando la divina distribución haga sus honores correspondientes.

2 comentarios:

  1. lone ta chami? acá taaaa!
    ahí chalgo cho, chi chi chi

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  2. Yeaps.

    Y también sale Joaco.

    También salgo yo.

    También sale MacGyver.

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