jueves, 28 de octubre de 2004

Boda búlgara

Hoy sentí mis piernas adormecidas
caídas entre los barrios sureños
Tomé las manos y sentí, muy frías
temblaban del gentío de las esquinas
Me empolvé el rostro con ollín
y me uní a una orquesta búlgara
Perdí mis oídos en manos de niños
Eran tardes los soles que alumbraban
cenizas de olores volcados en repisas
Conté con los dedos hasta cinco y levanté

Creo haber olvidado parte del cuerpo
tal vez ni siquiera corría
pero comí pan de azúcar
y sé que mis labios sabían dulces
Si estaba encerrado en una jaula de hierro
esculpido en una nube de malos tiempos
o en un río repleto de cañaduz seco...

Porque mis oídos retuvieron en manos de niños,
las risas de gaitas, entre los novios y su fiesta


Villa Elisa

Vienen murmullos sobre los vientos atonales
porque esta noche viajo en tren
Oigo el verdor de los árboles chocando contra el vagón
porque esta noche viajo en tren
Se apagan las luces adormecidas en las alas de mariposas
porque esta noche viajo en tren
Las correas se despedazan y el asiento se ensancha
porque esta noche viajo en tren

Siento Villa Elisa, siento las vías
qué tan lejos queda el lugar fulgor de la mañana
El frío encantador que brota en caliente
unido a mis brazos, se levanten los rieles

Quiero abrigar cada tren, en Villa Elisa
que soplen las espigas y se sienten de cuclillas
Porque soy parte de la tierra que se esparce
Porque huelo el canto de los roedores

Y Villa Elisa me esconde
porque ahora carezco de nombres


domingo, 24 de octubre de 2004

Otro policial negro

Aluminio

Bagaje de mosaicos harapientos
despiertos bajo la bitácora del marinero de Birmania
el norte estallaba al desencuentro de las gaviotas
y sobre la proa se alzaban langostas plenas de belleza.
Desperté, pues como decía, en el bisoñé del dueño del feudo
sin embargo, no he visto al embustero cargar con el cesto de flores,
ni las bocanadas en silencio con olores verdes,
de buques cargados de peces, de mantas y congrios
Sólo el tatuaje del mandala en mi antebrazo, de inetnsidad tan opaca,
experimenta las formas torcidas de los que alguna vez fueron círculos.
Ya todo me ha sido negado

(recuerdo...)


Bajo el puerto, en el preludio de la siesta obrera
dos caminantes me hicieron un souvenir encantador
tragos de sabores enrarecidos
y yo acepté gustoso, no sería lo adecuado enfadar
aún no emepezaba a ver al prófugo asesino y sus camaradas pensarían que les era descortés
Vulgar!

Oro

Pero los perros huelen el movimiento falso de los labios
y rompieron en ladridos, ante mi la desdicha de quien les habla
Prisionero me hicieron en un cubículo etéreo, repletos de relojes de arena
Quién carga con mi bastón?
La señora asesinada en el patio, ahora danza en otros cielos lejanos al mío
y las piernas vueltas trazos de raíces secas penetran en mi cuerpo
Dónde comenzó la siesta que no recuerdo las horas?
Ha estallado el sol heleno por el baile desparejo de la luna
y las estelas rompen contra la puerta de mi cuarto-prisión.

Bronce

Aún investigo sobre mis bigotes, el olor del sésamo volcado en la mesa
los pelos quebrados en la víctima y los pulgares de carbonilla en los senos de Marvella
Puñado de miserias, alquien golpea la puerta
se derrama la tinta de moluscos sobre la hendidura
mi idiosincracia sin tretas, me lleva el demonio como coartada
a beber los tragos oscuros del barman anónimo a mis ojos.
Barbilla teñida y manos pintadas
la merma de vida pagada en bocados de llagas,
brote tras brote, exánime el codo gris
Y honesto el hijo de puta, que pía tras la puerta
que coaja mi orgullo estrecho, repitiendo en períodos convulsionantes,
que el pulpo quiere silencio
Bañera de bravucones,
me quito el sombrero ante el moroso de la ley
para pintar las telas de mi intestino del oscuro marino.

Que bello cómo pinto bajo materiales delictivos!

miércoles, 20 de octubre de 2004

El último cigarro de Sandro (Finale sin Allegro)

Sí, he dicho. He hablado. He temblado hasta llegar hasta este lugar. He volteado mi mirada del público.
Quiero fumar mi último cigarro, con la colilla quemándose por completo,
hasta pulverizar el filtro y que las cenizas se las trague el iluminador.
Cantaré sin respirador, de espaldas a mis admiradores y al retrato de mi madre, madre!!
Porque no quiero más sus comentarios, porque ya no quiero ser un "star". Porque no soy ni fui prodigio, ni de bocas lejanas ni cercanas, no emulé a poetas, no divulgué mis miserias, sino mis proezas. Aunque ya no siento la necesidad de los aplausos, ni los insultos del más digno espectador. Tampoco el tibio resplandor de la palma sobre mi hombro! Porque soy utilitario, soy producto de la casualidad de los ojos bizcos. Reflejo ilusorio, sólo un hombre de los suburbios. Y no quiero sus cafés fuertes ni sus vinos. Quiero agua, maldita sea, agua!
Sin embargo, dejo que vean mis piernas, las prosas que se desarman en este baile, en el contorneo de mi última danza. No verán mi rostro, nunca más! Mi pie, cómo vuela entre las masas, entre la mugre que se descalza para conquistarme. Mis rodillas, las gastaré sobre las tablas, las cubriré del barniz más barato, mal pasado, de este teatro hecho pedazos, para que las coman, antropófagos.
A ustedes también, los que no me escuchan, no les gustó mi versión de Exraños en la noche? Púdranse en su Frank Sinatra! Coman mis gemelos, en trozos pequeños, no se atraganten. Rocíenlos con jarabe y cauterícenlos! Temo por la salud del noble.
Tomen mi cadera, que me agito y mi colilla ya me quema. Mi voz se cae entre ustedes, porque ya no quiero ser mímesis de nadie. Porque estoy harto de las miradas, harto del esplendor que gotea en estos escenarios anónimos. Desprecio a quienes me hayan hecho firmar este contrato demoníaco traidor. Quien me vendió este mercader sin rostro!!!!???

(Aplausos)

Derribenme, vamos! Vengan a mí, arránquenme lo poco que queda, rompan mi respirador pero no toquen las cenizas. Dejen que caigan hasta fundirse con líneas delgadas del viento. Ilumínenme, estoy en el resplandor de la ciénaga. Maquíllenme, dénme juventud a mis años, a mis arrugas, a mis cictrices. Dénme la receta de la felicidad. Quiero salvaciones de salas vacías, quiero que me masturben con sus dientes, que me arraquen
el falo lentamente, que lo destrocen y lo estiren entre sus labios. Coman lo que queda, animales. Destrúyanme, ya no quiero esta vida, muero esta noche sobre este escenario.
Como Kamikaze, planearé hasta los portaviones americanos, hasta fundirme en sus turbinas y morir en la belleza de mi vida, en mi sagrado honor. Incinerame en mi colilla. Porque estoy harto de la oscuridad, de la luz, de los llantos, de las risas.
Tomen mis brazos, córtenlos...arrgggggggggggg!!!!! Veo la luz del día, en la hendija de la puerta tras el telón. Corten mi cabello, rompan cada brote, cada cana mal teñida. Beban de mis poros, absorban mi sangre, vampirícenme, malditos. Aliméntense. Beban.Todavía no es del todo de día.
Bebaaaaaaaaan! No duden, sin compasiones estúpidas, coman mi lengua!

(Aplausos)

8:08 a.m.

Las butacas vacías cubiertas de ramas de pino, de paños menores sucios y fotografías en blanco y negro. Un señor limpia la sala silbando un tango, funesto.
Caen los focos junto a los cables del iluminador. La orquesta se levanta y portan sus maletas, huyendo en filas de silencio, rápido hacia sus conservatorios.

(SIIIIIIIIIIIIIIIIIII!!!! Amore!!!!!!!)Gime alguien.

Coagulaciones, algunos dientes, trozo de los labios. Sandro, queda sólo el grito lejano, el último grito de honor que hizo cuando perdía su lengua.

[[ Despabilaré entre sueños, de padres y madres, también de amantes. Recobraré fuerzas y tomaré el alatavoz, para hundir mi última canción en todo sus oídos, porque mi música no es para las masas, es para cada oído humano, cada criatura, para el mundo. Que me escuchen en pesadillas o despiertos, que desconozcan mi nombre y mi talla. Que sientan la fuerza de mis tonos, el amor del que hablo!! Seré el mortal feliz, bocas de ignorantes, porque he dicho y he sido el vulgar payaso de sus dramas. He caricaturizado sus trágicas vidas en mis sollozos. He bailado sus eyaculaciones veloces y sus orgasmos fingidos. Mastiqué las rosas enfermas de gusanos que nunca supieron cuidar. He lavado con mis manos sus ropas sucias, la mugre de su estupidez. Y me marcho, ante el oligrofrénico que represento, y el que ya no quiero ser. Ya estallaré en mi última canción, en los bosques, desiertos, zanjas. En el oído del sordo que escucha sobre las vías la llegada del tren. He muerto, y siento honor por ello...ahora duerman, entre mis pulcras cenizas ]]

FIN

martes, 19 de octubre de 2004

Estampida ecuménica

Desde el trazo curvo de las isla nórdicas
las personas comenzaron a impacientarse
desde las manzanas de ciudades modernas
de boulevards de cafés tibios
y desde las tiendas de nómades
de refugios anárquicos al arquitecto obsesionado
y meticuloso

Violentos movimientos, bebidas caídas
Los pueblos comenzaron a aplastarse contra el suelo
y las criaturas comenzaron su huída
Levantaron las piernas cuan alto el cielo
y juraron no pisar hasta que los pies alcanzaran el extremo

Temieron del viento, del fuego o del volcán
nadie lo supo jamás
simplemente, corrieron y ya

Las aves volaron en bajas distancias, sobre las laderas
los elefantes chocaron contra los árboles de cerezos
los axolotes nadaban en las corrientes cálidas del atlántico
asustados hasta los más evolucionados

Los coliseos, colmados de gusanos, se hicieron moscas
las ciudades depredaron el incesante sonido del bullicio
sonrisas apagadas entre el telar de la anciana, montada en bastones veloces

La tierra despedazada, por el rasgueo vertiginoso de la distorsión
de la música agitada que cubría las corridas de todos los seres
donde el obeso daba brincos de miedo entre los traseros de los gibones

Los amantes frustrados se descamban en el aire, atrapados entre sus manos
los Estados se desnudaban en la inmensa pradera entre los llantos
y nadie miraba hacia atrás, serpenteados los nostálgicos
por las memorias vacías de memorias


Los animales corrían con sus cárceles a cuesta
tal como los enfermos con sus cuartos y sus cegueras

El proxeneta, con el hastío en la boca
y sus damas, revoleándolo con una soga

Decenas de bachilleres e industriales,
profesores con apuntes extendiendo sus manos y gritando las lecciones

Caballos, sin riendas, sin jinetes
palpando el mundo sin fotogramas,
herraduras en boca del jockey triunfador

Las apuestas cesaron, el coito a medio acabar
o nunca comenzado
De mendigos que no dormían en pasillos
limpios bajo el reproche del perfume de la anciana bacana

Dormilones despiertos, sujetos al ensueño del trote sin cesar
y las presas liberadas sin el dueño vulgar

Las teorías dispersas en el aire
sin su cama conyugal
Y los senderos menos estrechos
para el paso excepcional

Y allí, entre todos, sentado estaba el niño
de flecos caídos entre los ojos
jugando con animales de plástico
sentado en el loto mismo del bosquejo de la estampida
concentrado en la historia de sus conciertos de infante.

domingo, 17 de octubre de 2004

De un dinero hechizado y las aventuras que le conciernen

De la fábrica
De la acuñación en níquel
Del prócer resplandeciente
Del banquero enfermo de escarlatina
Del padre en viaje en un cajero
Del niño que acaricia con sus dedos
Del amigo cómplice que hurta
Del lechero gordo que no sabe leer
Del místico que bebe queso
De la anciana que busca la admiración del amante
Del marxista que se desvirga en el dolor de su mercancía
Del que lee el diario en la letrina
De la prostituta dominicana que se baña en rimel
Del turista que se pierde en un teatro de revistas
Del ciego que ahuyenta las limosnas
Del asceta al que seduce en sus caderas
Del enterrador que escupe en el cementerio
Del prófugo que corre hacia las voces de ultratumba
Del vendedor que duerme junto a su perro
Del incendio de ebrios etílicos
Y la moneda cándida se quema
en los labios del espectro ultrajado

...y lavaba la pecera

Arrinconaba con mis manos las piedras
girando entre el polvo y el agua caliente
en las superficies plásticas de la pecera,
la metódica limpieza del refugio de las tortugas

Las pequeñas moscas vociferaban sobre mi cabeza
formaban los astros diurnos de aquel cielo blanco de la pared
y yo vi en la pileta la imagen del arroyo

Las aguas ocultas bajo el humo, sobrevolando la corriente
donde los cuerpos desnudos se bañan y pierden el sentido
entre aguas que brotan de las llamas del centro de la Tierra
y las heladas más frías, viajando en racimos de gotas
en los abismos del cauce,
donde las escamas de los peces son eternamente limpias

Cierran los ojos los seres en la ribera
en la temperatura incierta para termómetros
donde el recuerdo yace en la visualización pasada
de memorias de vidas anteriores, de monjes bañándose en aguas claras

viernes, 15 de octubre de 2004

Astutas mañanas de doncellas

Caen bajo los pliegues dolidos
páginas de cartas ancianas
que, bajo el bronce calmo de las estaciones
desborda el diario del íntimo seno
y voces de reminiscencias de cuna

Flores de los mares del Asia
que irrumpen en sus manos
de la armonía del sol en la adiestrada ventana
mira el océano fruncido contra el ocaso

Arde! Manos mansas al frío termal
de viejos enfermos de próstatas de mal augurio
esperan los pueblerinos ver su piel sobre el corredor del balcón
nacidos del deseo mórbido del desaparecido magma

Extiende sus manos, en el vientre del cielo
que caen los arcángeles en sus ojos
lloran las madres sin sus primogénitos
y nada en el océano el amante, perdido en las olas bravas
de astutas mañanas de doncellas

martes, 12 de octubre de 2004

Cuna del nuevo caballero

En las puertas imperiosas
donde Gengis Khan venera sus armas
el sable, destino de cielos

Duerme, ligeras ropas
el apetito de la chinchilla en su ascetismo
Las glorias del pasado que despiertan
en sábanas desconocidas
en el cuerpo de niñas y niños
jugando con trozos de espadachines

En el ojo más desalentador a la admiración
indiferencia de los sabios y virtuosos preceptores
de la criatura que despojará el bastón lustrado de su séquito
y los escolásticos ebrios en la ignorancia que los mese
como manos sin dotes ni luz

Despierta, noble persona
encuentra y profana las tumbas esondidas de los santos mongoles
despierta del bronce que te cubre en Baikal
quiebra las telas de la placenta, encarnación de conquistadores pasados

Ha llamado la lluvia y tus ráices,
hambrientas de sabiduría
cosquillean tu barriga

Bebe y respira

lunes, 11 de octubre de 2004

Vacío

El vacío es la copia vulgar del estado de anonimato. Cuando siento en mi ser la calma más tensa, donde se desmoronan los palacios en picada, porque las bases están carcomidas por un sismo silencioso, un ejército de termitas voraces.
Solo. Sin el contacto de personas, ni lo más intangible. Sólo el dolor que quiebra las vértebras y me hace dudar los segundos. Olvidar los tiempos, sin pasado ni futuro. Sólo un remoto presente agobiado de incertezas. Y no lloro ni rezo. Ni pienso en quienes me aman. Sólo existo con la idea vaga del vacío. Eso es lo que para mí representa en las situaciones penosas. Debo decir que el vacío tiene connotaciones hermosas. Pero eso remite a circunstancias diferentes a la que ahora describo

Explicación de lo que es el vacío hecha para mi psicóloga.

Alas

En su cuerpo parado caen las hojas partidas
juntadas por mis manos, unidas a las de ella
Cada dedo posándose sobre los suyos, besándose

Las puertas se cierran en el pliegue de los cuerpos
Mis dedos danzan ligeramente, flotando sobre la tensión del aire
Mi cabeza se hunde bajo el abrigo, deslizando mis labios sobre la suavidad
El olor calmante del deseo
erotismo que se relaja en los cuerpos

Saboreo su contorno con mis yemas
persigo las líneas invisibles de su cuerpo
desde las curvas australes de las nalgas
hasta el brote replegado en los tobillos

Subo por su cuello cubierto de agua
humedezco mi boca en los remolinos de su nuca
en el cuello que se contornea contra mi rostro
siento sus labios y el silencio que los cubre, hermoso silencio

Bajo sobre ella, adelanto mis manos sobre su cadera
subo por entre sus piernas escondido en su falda
beso el sexo cubierto de lila

En su pecho, empapo mi boca de sus pezones
erguidos contra mi piel, calmos en su longitud

Inclino mi cara en reverencia contra el rechazo
respetuoso entre sus manos dulces
reclino sobre su vientre mi torso en paz

Emebllecemos en la quietud de sus alas
y seduce el vuelo en mis manos, sus ojos hermosos

Cartones de angustia

He visto a mi familia en las calles
el día que evadí mis compromisos y pasé cerca de mi hogar
Juntaban cartones de la acera en bolsas atadas a una mula
Las mismas manos sucias con las que mi madre me acaricia
prepara los confites de mi torta de cumpleaños
Las mismas manos sucias con las que mi padre me saluda en la frente
con la que lleva el portafolio donde esconde el cartón
Mis hermanos, tiñendo la basura de gris con el aliento marchito

Y yo en la planicie del asombro, callo
con la piedad que conservo, sigo comiendo de sus fuentes
durmiendo en el mismo cuarto casero
dejando al misterio la mugre revelada que ensucia el orgullo
de la tradición refinada, de los sueños recopilados en la canasta playera
Pero yo los vi en las calles, víctimas de la angustia pobre
sin el tacto mercantil perdido en mercados persas
y lloraban por mí

Angora de cristal

Angora Cristalina del primer estallido

El vitraux desempuña luces fragmentadas en mis manos
derrama el destello de la creación en mi presencia
y los antílopes se adelantarán a mis pasos sedientos
así, seré el nicho manifestado a la voluntad de las fieras nocturnas.

Angora Cristalina de los opacos movimientos

Fino equilibrio el del labio del ternero, unido a la ubre de su madre
regocijado en el calor del madriguero, hasta dormir en imágenes pastorales
así, mi espípitu concibe su bendición
palpitando el frío de los muros, visagras de la urbe.

Angora Cristalina de los famélicos

Como germinan en galeras de sabios, gotas otoñales, sacras en su plenitud
cobrando vida las plantas testigas del canto meridional
y allí se escribe mi nombre por un niño, sobre la espalda desnuda de su maestra

Angora Cristalina derretida

Intersecta a mi cabeza la náusea áspera de la sequía
como brota la sangre de mis manos adormecidas
torrentosas corrientes en los canales estrechos de mis movimientos
actuando de ciego antes los espectadores envueltos de antifaces

Angora Cristalina de finale

He así el ingenuo
que corre entre los pasos marcados en la tierra de lluvia
Dónde comen los ancestros cremados en mis hogueras?
En mi mano cubierta de angora,
donde estacionan las palomas balbuceando nombres en lenguas extranjeras

Durante el cambio

En los movimientos de la cama entre las telas del despertar
tu rostro era el que cambiaba los rasgos disímiles
Helaba el momento la tenue luz, cuando tu voz rasgaba mi cuerpo
Y ya no sabía quién eras
pero sabe tan bien ser amado.

A quien pisas

Caminé por el sendero de mis ojotas,
subí las escaleras pálidas al mármol
y vi quebrado el tallo del dolor
bajo la suela de goma

sábado, 9 de octubre de 2004

Sueños de cortés

Bebo de la fuente posando mis labios en la base de losa,
donde la comesura se enjuaga de ollín
No hay pueblecinos en las calles,
ni se salpican mis botas del hedor de las ciénagas del bosque
Lloran las grullas en la entrada a la ciudad
se elevan entre sus plumas más gastadas,
tejiendo las nubes de polvo

Corro hacia el aljibe, con gestos de inocencia
Me baño en la fuente, con gestos de inocencia
Caen en mí las manos de forasteros, en mi cuerpo virgen al tacto
apuñalando mi hedonismo, cuajando mis sueño en tres
Malena, Angustia y Elisa

En el impulso animal más salvaje
extraigo mi daga de los pantalones
Defiendo la cosecha de mi descanso
entorpezco al más valiente ante el filo iracundo

Degolla el maíz, para las tripas del caballo
cae el inválido tras el golpe cruzado
duerme en mi regazo el noble más ancho
desvanece en el desconcierto el malevo
y de despecho, escupe su nombre en el suelo

El cuerpo del arma, mi fiel embustera, muletilla del combate
donde caen los peregrinos enterrados por el sueño que vive joven
Aún silencian las cigarras en el reflejo de la fuente
allí, los ancianos pierden sus monedas en el lúdico impulso de quebrar la ruina
y donde yo quebranto el caos de las imágenes violentas
en el difunto deseo de ser cortés en mis sueños

viernes, 8 de octubre de 2004

Todos parecían estar hablando, hablando, de Odas literarias

A quien le hayan dado el viento de la sabiduría,
Prestado al aire el habla tan ligeramente,
Su discurso estará listo para remar en los jardines,
Y los pequeños pájaros volarán en tierna bandada.

de Johan Ludvig Runeberg (Finlandia, 1804-1877)

jueves, 7 de octubre de 2004

Poema de mierda

Escribo, el poema de mierda
pretendo que así lo sea
sin importar el dolor que cause a otros escritos, que tal vez sí fuesen poesias

Seré burdo, vulgar, miserable, ruin
víctima, un mártir
un estandarte a la impotencia

Yo quiero mi libertad
quiero la libertad
de todos, de mi
de cada estrato, de cada extracto
para ello, incinerar el almidonado desperezar

Pullir la sangre seca del rostro frío
de la cabeza herida, de los dolores de cabeza
Sufre el cuerpo, por los capullos de mariposas del vacío
alimentadas del placer de la sodomización
malditos sodomitas!

Y mi látigo, mis látigos
mis castraciones
mis sexos!

Polvos del ayer
de purezas virignales entre baños, veredas, bibliotecas, escuelas
De coitos anales, vaginales, de masturbaciones
Cunnilingus de ayer y hoy
de lengua lavada en retretes
manos esterilizados en mejitorios
el cirujano plástico hundido en la mierda de su paciente
quiere más?

No quiero ser una carga
una mula inválida
quiero tener mis pies, cruzar las avenidas

Cruzar hacia lo áspero, hacia la selva
quiero ser un orangután!
...cuando me canse de la soledad, un chimpancé

Quiero mi liana!!!
liberarme de todo, de todos!
Bueno, de momento
es así

No quiero orgullo, ni digno inverosimil a mi corazón
ni rezos
Esta noche me cubre el vaciío espanto
el grito en lo alto que dice
Donde queda el sueño?
donde dormirás, en el suelo?

Mortaliza la lágrima seca, la que no sale
la que teme el verse perdida en mi rostro
y yo que luchaba contra la oscuridad, de espectros pasados

Quiero celibato, quiero la ruina absoluta de la mentira
desvanecerme del todo, a la incomprensión extrema
a la extrema luz que opaca los sentidos,
vueltos hoyos del abismo

Quiero un hijo, una docena, un harén de morrones bien picantes,
que ardan al ser comidos
engullidos en la boca deseosa de ser herida
de no blasfemar el fuego de las antorchas
Morir en el retrete del cirujano,
del conjuro de harapientos caballeros perdiendo partidas sin apuestas

Morir ahogado, como en charlas virtuales, donde mueren los buzos sin escafandras
adormecidos en el encanto de la profundidad, quitándose las máscaras ante el sueño de la libertad
Morir ahogado, en el pañuelo violáceo, del perfume de damas, de los brazos del amor

Yo amo a Dios, quiero su amor
quiero su plática, su silencio
pero no lo tengo, me siento solo en un universo partido
en el trapecio que gira por las calles
que tropieza con transeúntes dolidos, unidos a las esferas del pavimento
que duerme en baches de barro, donde nadan los buzos

Yo quiero a Dios, quiero a mis hermanos
pero escribo autista a mis deseos,
ante mis plegarias, en mi hermético vestido
vestido de primavera, cerrado hasta la garganta
Y desvance
adormecida, dolorida, silenciada
Griten! Carajo! Esto es vacío

Quiero paz, quiero Perú
Quiero Croacia, un puente
donde desvelarme entre caminantes
entre parejas que sonrien
entre besos primerizos
bajo las hendiduras más nobles
de los rostros más ínfimos

Mortalizo el sueño, aunque no comprendan
mortalizo a los Dioses
mortalizo mis puños y mis dedos
y escapa mi aliento
suspiro al mar
azul
entre ojos azules
de delfines amazónicos
botos
y lloro
amada
hermana
lloro
entre tu ojos
en el azul más hermoso

miércoles, 6 de octubre de 2004

Suna no Onna (بدوي )

De tierras de beduinos
donde los prófugos son dos amantes
Enterrados en la arena, en sus bocas resecas
sólo se oye el lamento estival.


I

Corre hacia el camello alado,
venerado ser que te eleva entre las fauces del desierto
haz de ti, animal para los que mueren en la arena

II

Viento estival, decoro al cielo
contra el piso, donde arden mis rodillas

Mi mujer huye desnuda, en estornudo feroz
de jinni envuelta en el calor del desierto
Gritando, despertando a los camellos
enmascarándome de granos, los más pequeños

Gusanos!
Pierdo entre el sol, siendo el eco del tiempo
el recuerdo de las huellas que borran mis manos
Mi cuerpo salpica aridez
erosionado por la planicie de espanto

III


Beduinos, dónde está la mujer,
la que se trepa en el desierto,
transformada en una libélula de fresnos?

Atrapádla, convídenle leche tibia
acaricienla entre sus manos cubiertas de polvo
Dónde están los beduinos?!
Quién lleva el nombre de Mahoma, acaso la última mujer?

Escapa Alá en los labios que saborearon la sangre de los embates
en los pechos maternales que abrigaron a mi enfermo
Doy mis rodillas a tus pasos
soy alimento para el desierto
protector del castigo de tu destino

IV

Muere en África, mi mujer
en el Nilo, donde duerman los reptiles

Huye, escapa al golpe del viento
canta contra el dolor del cuerpo
no llevas brisa en tu encanto sosiego

V

Hundido, mujer
cautivo de las cavernas de acero
de tretas cobardes
de castigos señoriales

Llévame a mí, levántame una vez más
mi túnica gris, replegada contra mi pecho
y mis manos agitando mi último saludo al viento

Jardín de altares violáceos

En estas páginas mueren Dioses y hombres en la fragilidad literaria que fundó mi ser. Esta es la caída al terreno de los ciclos de las muertes, de unidades de pensamientos sin un interés expreso. Una obra desinteresada que vive por sí misma.
Calla y descansa, ilustración del crecimiento interior. Con estos lexemas, muere parte de mi vida. La ofrendo a sus pechos, sus ojos serán vasallos. Serán la vida que deseo adorar.
Devoción sin dueño, sin Luna ni Sol. En esta paulatina iluminación coexisten los pesares de las nubes del dolor. Así doy mi vida, que murió en este jardín de altares violáceos.

domingo, 3 de octubre de 2004

Sin

Cuando deslicé mis dedos sobre las alas de la mosca,
no imaginé que las copas de los pinos se volvieran de piedra.

Proverbio anónimo

Por la mañana nazco con la Vía, por la noche muero contento.

Prometeo

Nos han traído el fuego robado,
ahora somos las criaturas que no tememos al anochecer
somos titanes, hijos del Olimpo

Hemos destronado a Urano de su astronomía
a Cronos, de su reloj de arena, quebrado por el más ruin golpe humano

Somos el hígado, alimento de halcón
ciclo eterno de castigo
Seremos ladrones de Dioses
Vencidos eternos

Llamas flamantes del arte
venida a cenizas con pulcritud
Sin Dionisio en la mesa, portando la bebida
al amparo de la desdicha de Zeus
olvidados en tierras de experiencias europeas

Tal vez, Eros
con amor

O ladrones, como Prometeo
comido el hígado lleno de bilis
desparecerán los miedos

Sucumban al mar sus vanos deseos...

viernes, 1 de octubre de 2004

Acido de perfume (Reflejo instaurado al pestañear)

Convido azul a mis letras
extracto de mar austral
matiz puro entre sus hermanos
Delineo palabras de actos reflejos
del recuerdo de perfume
plantado en lo profundo de los ojos
Huyo de las fragancias y de los balones
Evado el golpe misterioso que no está presente
el aroma que consume las pestañas
para cerrar los ojos a la belleza
Que desgarra el rostro y lo transforma
mutando la fisonomía que nunca cambia
Ayuno y silencio el mismo día
para despojarme de los reflejos instintivos
Para desheredarme de los vivos y los muertos
De recuerdos que se reflejan
Golpeando
Acribillando el trazado y la continuidad de las acciones
Deteniendo el transcurso de los roces
Elaboro el escape inconsciente del balón, del puño que acaricia
transformo en violencia la fragancia del perfume
del rociador hiriente, de la acidez en mis pupilas.
Y era verano, cuando ardían mis ojos
Y era primavera, cuando me ocultaba del lanzamiento al arco
Refugiado en la penosa frustación del niño, engañado en el juego de necios
Donde se llora
los reflejos se adueñan de lo vulnerable
donde eneceguece lo más brillante del mar.

Apartado Gil



Gauchito Antonio Gil
(foto Martín Weber, "Una plegaria al Gauchito Gil")
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Cuenta la leyenda que Antonio Mamerto Gil Núñez, o Antonio Gil, o Curuzú Gil, nació en la provincia de Corrientes, en la zona de Pay Ubre (actualmente Mercedes), aproximadamente en el año 1847. La denominación "curuzú" significa cruz.

Se conoce su historia a partir de su juventud, cuando se enamoró de una joven viuda llamada Estrella Díaz de Miraflores, una rica estanciera pretendida por el comisario del pago. El policía, despechado porque la viuda lo rechazaba, comenzó a perseguir a Antonio Gil aprovechándose del poder de su autoridad, hasta que finalmente se enfrentaron en una pulpería. En la pelea el Gauchito Gil le perdonó la vida. Sin embargo, este episodio en lugar de beneficiarlo fue aprovechado por el policía para perseguirlo por atentar contra la autoridad. Esta situación, más el odio que le tenían los hermanos de la estanciera, hizo que el Curuzú huyera de Pay Ubre y se fuera a alistarse en la Guerra del Paraguay.

Por estos años, el país se encontraba en guerra con el Paraguay, y como tantos otros, Gil se alistó bajo las órdenes del General Madariaga. Durante cinco años participó de la Guerra de la Triple Alianza, que culminó bajo la presidencia de Sarmiento en 1870 cuando las fuerzas brasileñas capturaron y mataron al gobernante paraguayo, Mariscal Francisco Solano López.

Los federales litoraleños, después de la caída de Rosas, se dividieron en Rojos (tradicionales de la divisa punzó o autonomistas) y Celestes (liberales). Terminada la guerra, Antonio Gil fue convocado por el ejército federal del coronel Juan de la Cruz Salazar, para luchar contra los unitarios. Como no estaba de acuerdo con los enfrentamientos internos del país y además era netamente colorado, decidió huir junto a dos compañeros: el mestizo Ramiro Pardo y el criollo Francisco Gonçalvez; compañeros a los que el derrotero convirtió en cuatreros famosos. Sus compinches fueron muertos a tiros de trabuco y el gaucho fue detenido y llevado a Goya.

Así comenzaron una vida errante huyendo permanentemente de la autoridad, y viviendo del ganado robado que compartían con los campesinos más necesitados, robando a los ricos estancieros para convidar a los pobres, un gran filántropo gauchesco. Casi un año después, una partida militar lo encontró dormido bajo la sombra de unos espinillos y lo llevó detenido a Goya. Fue colgado cabeza abajo desde un algarrobo (en camino a Goya, a unos 8 kilómetros de Mercedes) y degollado. Aparentemente fue colgado de esa forma para evitar los supuestos poderes hipnóticos que tenía y para que no influyera el payé de San la Muerte que tenía colgado al cuello.

Dirigiéndose al que lo iba a matar, el Gauchito pronunció sus últimas palabras:

- Cuando vuelvas a tu casa, encontrarás a tu hijo muy enfermo pero si mi sangre llega a Dios, juro que volveré en favores para mi pueblo.

Acto seguido, obedeciendo la voz de mando, el soldado le cortó el cuello.

Varios días después, cuando todos ya habían olvidado al Gauchito, el soldado que lo había matado volvió a su casa, y se encontró con su esposa desesperada porque su único hijo estaba muy enfermo. En ese instante recordó las palabras de Gil. Entonces volvió al lugar donde lo habían matado, enterró el cuerpo y le rogó al Gauchito por su hijo. Volvió al lugar de la ejecución y puso una cruz de espinillo (algunos dicen que de ñandubay). Cuando volvió a su casa, al amanecer, encontró a su niño sano...

Los dueños del campo, de apellido Speroni, al ver el peligro que significaban las velas encendidas en el campo, hicieron trasladar la tumba al cementerio de Mercedes... pero al poco tiempo cayó gravemente enfermo con un mal que degeneró en locura, los médicos lo desahuciaron y él, en un momento de lucidez, prometió que si el gauchito lo sacaba de la cruel y desconocida enfermedad, le haría un monumento fúnebre... al momento curó y edificó un pequeño santuario de piedra que aún hoy se puede observar... de allí en más fueron varios lo milagros del gaucho y su culto se expandió por gran parte del territorio argentino. Actualmente compite cabeza a cabeza con otra creencia popular de magnitud: la Difunta Correa.

Oración de Gil (Santo Profano)


Oración al Gauchito Gil
"Oh! Gauchito Gil, te pido humildemente se cumpla por tu intermedio ante Dios, el milagro que te pido:
y te prometo que cumpliré mi promesa y ante Dios te haré ver, y te brindaré mi fiel agradecimiento y demostración de fé en Dios y en vos Gauchito Gil. Amén."

Perro

Olfatea
Viernes encantador
Olores que recuerdan personas, momentos
Amores

Botellas
Ron seco
Vasco viejo
Estiércol desconocido

Dos páramos, un alce
tres mojones y una frontera
El pueblo de nieve
en el fuego se pierden mis huellas

Vastas tierras, orillas de personas
piernas prendidas de calor
hogares nómades que se pierden ante mis ojos

Bostezo

Relincho como caballos de Varela

Bebo

Duermo

Corro, hacia el sol

Ciego

Entre láminas grises
Corazones opacos
Amantes racionales

Rompo mis patas contra la tierra
Prófugo de mis sentimientos
Escondido en las bragas de la pueblerina más casta

Ya no quiero

Corro

Relincho

Como caballo

Quiero espárragos
Cenar solitario sin culpas de carne

Aullo esta tarde,
y dejo de ser un perro
Soy un lobo nórdico
y ya no deseo refugio.

Hombres de barro

Hombres de barro

I

Dactilares húmedos presionan la piel
vistiendo de fango el cuerpo adormecido
cada poro esculpiendo, su material primitivo.

Transvistiendo la naturaleza corporal,
cada centésimo, cada partícula
de células cubiertas de lodo vespertino
a merced del desierto clandestino.

Vacila el cuerpo ilustrado
hecho ciego mural
moral oscura.

II

Llueven trescientos ojos pardos
atrapados por el viento,
sólo caigo en la desesperación
mientras los cuento.

Suprime la hostilidad
abandono el cuerpo secular
los seres del pantano despojan los mitos
avasallando al mal entre sus pulgares diminutos.

Sensible a lo oscuro
extinguéndonos en puertos
embarcados en nuestros cuerpos de fango
impermeabilizándonos a la luz.

III

Soy una fosa de Auschwitz
tumba de lodo y dolor
secándonse a la tarde de Marruecos
cicatrizando los recuerdos.

Soy racimos de embates
del cuerpo renaciendo en el color más ruin
en el rito sagrado bajo el lodo

Bailando y desmereciendo lo profano
en el amor a la tierra copulando con el agua
en el bello aroma de salvación del fango

IV

Divinidades, dejo el lavado de mi cuerpo
LLuvia, deslizate sobre mi nüspirit.

Limpia el color impuro de la piel
hedor de las muertes pasadas
Siento el pecho resquebrajarse con el barro.

V

Y morimos como hombres de barro
en la fuga de la tierra seca
adormecida en nuestro cuerpo
aferrada cual parásitos, y no hay lluvias que la quiten.

Y morimos como hombres de barro.