domingo, 31 de julio de 2005

Destitulado

Hubo un sentimiento agónico junto con el miedo.
Una expresión facial que afloraba todo lo que las ilusiones dan a entender y como mundo, deseamos entender. Acrobacias y juegos.

Fuera de eso, no tengo más que detallar.

Son tiempos extraños desde hace décadas y hay que extirpar todo las raíces que crecieron a través de los bulbos impuestos; aniquilar la existencia artificial que el cuerpo, con su primitiva organización, adhiere en exterminar.

Décadas de un dejo, cómo decirlo, algo extraño.

Y sí, volvemos al núcleo, al señor inherente en cada frase, cada consonante, vocal y caracter. De eso implícitamente siempre he escrito y acá se detiene la roca.

Sin peso.

miércoles, 27 de julio de 2005

En cuerpo

Las paredes escriben por sí mismas las condenas
con puños de sangre extinta.
-Sé que hacer; vivir y morir-
Un cuerpo repleto de escrituras, es casa
de la sagrada comunión de los pueblos.
Los pasillos; grietas de la exégesis de las grandes autoridades.
Ciertas personas han caído en ellos
y se han aferrado a sus andamios de huesos.
Es tan eterno sentir ese frío como el amor fraterno.

Mas pronto todo pasean con sus góndolas bañadas en hierro puro.
Recorren la sangre del cuerpo,
hospitalario hasta sus confines de fibra esculpida.
Sin pórticos que den la espalda a los comulgadores.
Y un ojo, que ya todo ha visto.

jueves, 7 de julio de 2005

Mañana avícola

Arisco es el viento que se reclina en la noche.
Ella; sólo en ella, las paredes devuelven frío todo aliento.
Pero quién,
desmerece la presencia de un príncipe tan bello,
sino es la fauna ausente en las casas.

Se oye el canto del ave errando la luz de la aurora
allí van.
Las gotas se reproducen
en cada figura pétrea sin victoria,
como los granos de arena en las maletas de viaje,
ocultos.
Como cada recuerdo forastero de su propia traducción.
Cada acto, un manantial de ideogramas tan foráneo como su propio dueño.

El príncipe, con sosiego de mamífero oceánico,
revuelve sus cabellos y señala al suelo.
Cristal de una batalla frustrada que se repite, así como el silencio.
-Amparo a estos pies, despojo del cuerpo-

Muere la última gota en boca de aquel caballero
y no mucho más, hasta que retornen los caballos y el establo.
Los reyes y el peón noctámbulo.
El príncipe, es luz de la ribera.
Y el gallo acierta su canto esta vez alzado en la ligustrina.