lunes, 20 de diciembre de 2004

Aseo

Se me uno al polvo, aseo mi cuerpo.
Mi espíritu se higieniza sólo dos veces por semana,
mientras que mi cuerpo cda dos días.
Si me vuelvo a unir al polvo,
engendraré diez mil hombres
me veré tan sucio de cara mas tan limpio en mis llamas.

Hierbas de blanco

Desayunemos con tus manos hermano mío,
pues debo anunciarte algo.
¿Quieres más manteca en tu tostado?
Sucede que me he enamorado de nuestro pasto
verde tallo que sonríe a mi prisa
pero temo que es muy blando para abrazarlo.
Acaricio sus crines, pastizal de Octubre,
que corre por mis brazos al galope.
He recitado dos noches a su savia vital
tomos completos de gardenias,
suelo creer que cela por mis ojos aventureros en los laureles.
Hoy callé cuando vi crecidas sus puntas en el patio
estaba tan triste sin regaderas, y cabizbajo en la sombra.
Esta noche vertiré sobre él la leche virginal,
a los ojos lejanos de Teresita.
Temo unirme a sus brazos, lo veo tan blando,
lo acariciaré desde los tallos hasta los filamentos más altos.

Nubes en el mar

Son nubes, llegando al mar.
Sufragios de abrazos al mar.
Y mirás, por la ventana.
Aquella habitación cómplice llena de cigarras
Una manta y dos amantes que despiertan,
A través de las nubes.

Recordás la vieja canción, la del campo.
Esa suena, mientras nadás en el mar.

viernes, 17 de diciembre de 2004

Amadeus visita a Jamaica

Amadeus ríe al sol.

Jamaica llora y Amadeus ríe.

Pero en las hojas de las palmeras, dos morenos hablan

- Si crece el mar, Amadeus marchará rumbo a la ciudad.

Amadeus se baña en sal, calvo.
Jamaica le sacude la espalda.

¿Acaso alguien huele el mediodía, estando Amadeus repiqueteando el Sol?

Dos caracoles se cuelan en una oreja y se limpan la baba.

jueves, 16 de diciembre de 2004

Femina

I

Dónde comienza la lactancia,
pregunto esta noche de intrépido que me manifiesto
porque no fue en el pezón que se erguió sobre mis labios

Fue en las cadenas, en la sucesión de líneas que embistieron mi cuerpo
y me poseyeron las divinidades femeninas, Verdad.

II

Golpea.
Cada sonido en la noche es mi víctima

Las membranas del Cielo se abren a mis brazos como lianas,
esta noche habré de subir entre las aves y besarlas?


III

Llora madre
Es la sangre devenida a cáscaras, al fin.
Y los huéspedes que se instalaron en tus manos
¡Aleja el desfile de recuerdos, deja el circo, la niña le teme a los enanos!

IV

Los combates se han vuelto fuego
no hay máscaras ni estandartes
todos pelean desnudos al viento

Y yo finjo ser soldado del Imperio, imbéciles.

V

Más Deidades femeninas, cobren calma
no existe el sur a donde me dirijo
en vano siguen mis pasos
mortalizo sus pasos en el aire que escupo
Hoy sí escupo cuan fuerte puedo.

VI

Bautizaron mi nombre nuevamente
y me escurro en el pecado original
si obtuve mi pureza ha sido en el pecho de una dama
consagrado a la libertad del castigo que me infligen.

VII

No quiero leer, no quiero leerme
No quiero leerte.
Deslízate, sobre mi sexo, esta noche soy célibe.
Mañana, tan sólo mañana, puede que en un apretón de descuido
concibas mi primogénito.

VII

Descansen letras pues el libro ha olvidado el lenguaje
y la salud la canta el Reino de los Muertos.

VIII

Has oído mi nombre y leído mi prontuario
¿Ahora eres dueña de lo que mi espíritu reclama?
Hoy, ni siquiera había deseado y tú decías que quería besarte.

IX

Amigos, hermanos
Caigo
¿Pero a dónde?

X

La palta que se envuelve a sí misma, junto a las mujeres,
huele a limón de seno en cada espina.
Mis dedos cubiertos de savia se agitan sobre ellas desollados,
olor caduco de primavera entre las hierbas.

XI

Nunca llega el final.
Se inmortalizan las esperas como las vidas
Mi calma es la beatitud de la espera,
pronto sangrará de nuevo,
y querrá desligarse de las esperas.

(y de las esferas)

miércoles, 15 de diciembre de 2004

Parras y aserradero

El aserradero me conduce pero hacia dónde.
Él gime frente al limonero,
cuando los pasos de los gatos tienen prisa en despertar
y ellos, conmigo, volteamos.

¿Duele la sombra de la parra?

Dónde me conducen el quejido de las sierras,
las maderas descuartizadas y la sangre del pasado

No he visto aquí un alma, sólo felina.
Espero, con mis puños alzados al Cielo
oliendo con las nasales hundidas contra el pecho

¿Duele la sombra de la parra?

Cae la vid en mi boca, en la lejanía de mi cuerpo a los gatos
Aspiro la amargura, pero hacia dónde.
Dónde habrá de cesar al fin.

jueves, 9 de diciembre de 2004


Acrílico medianamente completo y basta de gráficas!

Acrílico nunca completo

Bosquejos

Mocoso

El niño estaba sentado en los adoquines
daba aires de elegancia
fumaba el cigarro como un caballero
bocanadas de maduro y voz ronca
Pidió entusiasmo, alcohol y mujeres.
Perdió los estribos en algún momento,
cuando terminó de cantar junto a las grullas.
Dos padres se le acercaron
y convidaron de palizas al mocoso.
Se fumaron a mitades el cigarro,
pero no tan elegantemente como hacía el niño.

miércoles, 8 de diciembre de 2004

Era

Dicen que es día festivo
Sin embargo, yo caigo en cada paso en bloques de hielo al sol
Mi estructura no es ya esqueleto en la penumbra
Sólo el eco de las voces que me narran el pasado
Y no hay festividad en este marco

Los aplausos y los abucheos se vuelcan en sólo una boca y una mano
Que balbucea el precipitado canto de los sapos
Aún no llueve, pero el olor a tierra mojada sopla en mi mente

Me desangro de a poco, la diálisis que se hace esperar
Los últimos pedazos del cuerpo desaparecen a mis miradas
Ni siquiera la memoria sepulta en cada piel de blanco
Las quebraduras del amor desvanecido y venido a seco,
Como las manos de peón en verano.

Los conductos se borran y la cavidad se quiebra en el suelo
Memorias que ni los vientos volverán a juntar
Sólo el rompecabezas que mastica el pavimento
Sólo el oscuro amanecer que palpitan los serenos

Mis memorias se escurren cual pecho de madre estéril,
Bajo las alforjas de las praderas y los caballos rudos
Reconstruyo el pasado vuelto vacuo,
Sin él me erijo sin prisa a los días

Olvido los golpes y mi calzado
Los vidrios que se rompen bajo mis manos
La música que brilla en la sonrisa de los muchachos
A ellos, los olvido como a las mentiras arrogantes de barrio

Yo simplemente confío en las cigarras y en aquella mantis, que mira hacia el sur,
Ellas dicen que canté junto a los perros hasta que los trenes partieron.

martes, 7 de diciembre de 2004

Mi velada

Niña, brindame agua
Llena mi buche con tu vaso
Este cuarto huele a jóvenes!
Qué tan bien visten las señoritas esta tarde

El olor, la fragancia
Adherida a mis fosas nasales
El jardín huele a hortensias y a sapos
Pero me hubiera gustado saber antes,
Que es tan hermosa la velada en la que a uno lo vuelven muerto.

Dominios de sol

Por qué sigue el velo oscuro sacudiendo al sol?
Las conversaciones en espirales vuelven hacia mí,
cada vez con más palabras de caminos pedregosos.

Y
quién dijo algo?
En el valle sólo cantan las cigarras
Nunca canté otra canción que la que pronuncio hoy.

Dame tu mano y gira hacia el sol
duelen los primeros haces caídos,
hasta que tu sangre se torne caliente.

Ves?
Sé un lagarto frente a tu sol
pero no pierdas la vista ni rechaces la sed
sólo rechaza que en esta visita
buscabas abrazarme,
soy cactus seco ya, marchito en la última flor.

Sin dolor aparente

Una neurona, sin analgésico,
que duela en la rotura de cada entrada y golpe
Que se ahoguen en los aullidos de alcohol
o mueran enfermas de pensamiento.
Sin pastillas para migrañas crónicas!
Sólo hay algo crónico y es el dolor disfrazado.
Quiero que todos lastimen sus piernas con bronce,
dejen marcas en la piel helada y la carne partiéndose tibiamente.
No seré imperativo en mis demandas, sólo un tanto exigente.
Observaré desde el período violeta de Alicia,
cómo avanzan mis reclusos, qué más le sigue a sus penosas tareas,
sin más flagelos que los ya bordados en sus baberos...

Que el bebé no llore, que la madre lo acaricie
que lo rodeen hermosos pezones en una danza tribal
lo engorden hasta que su frágil intestino perezca en la mirada
en la cara de madre impune
de la gorda que se purga en el césped
y los perro lloren frente a los reclusos.

Puedo ensuciar mi cara de la sangre que no se volcó de la copa?
Esta noche me desvelo sucio a los ojos de los visitantes,
tal vez nunca duerma o sólo forme parte de mi ejército de reclusos
y seré el de la casta más baja....

Escribiré cartas desde allí, por la fosa oscura
aunque no haya velas ni lumbre, más que lo cálido de tus ojos....

Gato negro (versión II)

Me prestaré a sus ojos amarillos
y a cada pelaje negro caído.
Hoy hallé a mi maestro tan esperado en el patio
inclinóse sobre el pasto duro
y nos miramos, mientras
yo
incliné hacia él
Él se apoyó contra la tierra y enseñó:
precaución decían sus movimientos
Comprendí sus pasos, la inteligencia
que envolvía cada movimiento
Ahora antes de pisar un rostro,
verificaré con precaución que así lo sea,
antes de gastar energía en el suelo negligentemente.

Gato negro (versión I)

Sus ojos amarillos me recordaron mi aliento.
El maestro que nunca había tenido, hoy inclinóse sobre el pasto duro
era el gato negro que se revolcaba antes sobre su propia suciedad.
Lo miré largamente y aprendí sobre la precaución,
de cómo sus ojos atendían mis movimientos listo para lanzarse al otro patio.
Aprendí la enseñanza, mientras huía.
Ahora, antes de pisar una cabeza, me fijaré dos veces si lo es,
así podré pisotearla con precaución.

lunes, 6 de diciembre de 2004

Liberen a las moscas

Haced justicia de manos pálidas,
enjuagadas en la claridad de la mañana.
Hoy todos corren sin dirección y se chocan contra las barreras
Dónde están las moscas? Refugiadas en el estiércol?

Liberen a las moscas, ya no vuelan las mañanas de la bahía
pesan los velos de las señoras y las lámparas no crujen alas

Prestad atención, camaradas, que todo fluye veloz en estas calles
hasta el pequeño roedor que se esconde detrás de las paredes.
Hoy apesté mi hogar y mi cuerpo de blasfemias,
de eructos almacenados por décadas,
y la tristeza de quebrada fue aún más fuerte
cuando las ventanas estuvieron abiertas
ni una mosca visitó mi hedor.

viernes, 3 de diciembre de 2004

Océanos

Siento el cálido despojo de sol
arrojado sobre la arena que viene,
pero no se acerca.
El cuadro es mejor que el pintor,
y el techo se vuelve inalcazable.
Enfermos los dos de sequías y de sal
Decía el ebrio, saltando en cada curva

Vengo de ocultarme, pero no entiendo los escondites
recopilo manos de ciéngas, destellos de vida
esquivo cada arena movediza, hasta fruncirme
porque los cerdos comen mi almuerzo
y mis dientes se desprendieron

Es el calor del sur,
hoy hice de mis pasos
leves caricias de huella.
No vi el mar al cruzar
y me embullió en su furia nocturna

¡Saltad!