domingo, 27 de julio de 2008

La sangre derramada fue en vano?

Todo parte de la aventura que emprendieron mis padres el año pasado a Guatemala. Las contradicciones del paisaje, más notorias que en la realidad local, me recuerdan a una frase que aplicaba una profesora a México.

“Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos”.

Totalmente aplicable a casi todos los países latinoamericanos. Las ferias callejeras, la invasión de camionetas traídas de Estados Unidos, las procesiones de Pascuas llenas de frutas en un arreglo muy meticuloso cubierto de colores y las cadenas multinacionales de pollos fritos. Los hoteles colosales llenos de gringos en sus piscinas y a pocas cuadras la pobreza enredada como madreselva a la belleza natural de las montañas y selvas. Está bueno que irrumpa Regina Jose Galindo en ese marco. Latinoamérica es una región en experimentación constante, eso lo sabemos, atormentada por el espíritu de Cristo y sus millones de hijos, bastardos ya. La tormenta del dolor que se vive en el cuerpo, en las llagas y como manifestación, obra conceptual. Los estigmas se reproducen en cadena y los testigos caen como piezas ligeras, uno tras el otro.

Soy lugar común / como el eco de las voces / el rostro de la luna / Tengo dos tetas / –diminutas– / la nariz oblonga/la estatura del pueblo / Miope / la lengua vulgar / nalgas caídas / piel de naranja / Me sitúo frente al espejo / y me masturbo / Soy mujer / la más común / entre las comunes.

El uso del cuerpo como lenguaje de denuncia, la automutilación, la autodestrucción y estar tan lejos de Gía, estandarte de otro tipo de dolor en otro tipo de contexto en otro tipo de circunstancias en otro tipo de sociedad. O vayamos al caso más cercano del sectismo dark/gótico/emo o como sea, enfermedad derivada de la adolescencia necrológica que a veces goza de cierto masoquismo sin sentido y que poco me interesa.

Y sí, la ex poeta viajera liliputiense Leonor Silvestri elaboró una nota interesante sobre el arte conceptual en latitudes guatemaltecas, con ecos de las grandes actividades performáticas que existieron y siguen tejiéndose en México también con representantes como Katia Tirado, Lorena Orozco o Lorena Wolffer.


El cuerpo como objeto de experimentación, como panfleto único y motivo de denuncia. La sangre derramada, con voluntad conceptual. Con sed de modificar. Con urgencia. Es un reclamo que traspasa la cordialidad y la belleza, y quizás esté orientado a una purificación no estética, sino que social, ante la violencia del día (y de la noche). Es interesante el planteo y merece su estudio. En tierras eslavas reproduce trabajos similares pero con menos violencia, o bien, otra poesía más vinculada a la sensualidad balcánica, Marina Abramović. Otro ejemplo es el de la cubana Ana Mendieta.



El dolor como acto: ¿Tiene respuesta? Vivir las masacres de la sociedad en la propia piel, en el propio cuerpo, abre la inquietud. Desplaza el foco de atención y quizás, exhibiéndolo en una galería, cobre importancia. ¿Cobra importancia?




En todo caso, el flagelo como obra de arte, puede ser involuntario. Ahí todos somos testigos de obras de artes cotidianas, el arte está en todas partes, ya lo dijeron muchos antes que yo, monstruos de la vanguardia, claro. No hay que ir al MoMa ni al Malba. Sólo abrir más los ojos y ver cada Regina pariendo un grito seco en la calle.











viernes, 25 de julio de 2008

El espontáneo sensible


Mediodía

Olivier Hanocq, con su acento parisino siempre vivo, coconduce el programa Boulangerie emitido en el canal Gourmet junto con su compatriota Bruno Gillot. Con sus manos a punto de hundirse en una perdiz rostizada recuerda:

"Mi padre gustaba de la caza, pero yo no iba con él. Me causaba mucha tristeza".

(algo así)


Yami
comenta:

"Y claro, ésta es la generación del hombre sensible".

domingo, 20 de julio de 2008

Desde el verdadero spleen de Boedo

escucha la voz,
el canto imperceptible de
la brisa que sacude estos árboles,
acompaña al escarabajo que se dirige hacia la luz.

piérdete en las corrientes del río,
sus crecidas no te ahogarán;
y aunque baje siempre aplacará la sed.

que el agua apoye sus labios en tus rodillas.

mira al sol de frente, todo se esfumará.
al observar la noche no temas caer.

no intentes explicarte nada,
la naturaleza es demasiado digna
como para precisar de construcciones abstractas.

por eso dios (está en mi aliento).

de Joaquín dos Santos
Entre Ríos, febrero 2005

sábado, 19 de julio de 2008

(You gotta) fight for your right (to party!)

Con Yami terminamos de limpiar la casa. Mi dispongo a ver correos y nada nuevo bajo el sol -en realidad, spam y mucho más spam-. De fondo suena en el equipo una banda de sonido de una película cuyo título no voy a mencionar porque no viene al caso. Y suena el tema, mi tema. La pieza de cursilería melancólica que más me gusta (seguro que estoy dejando pasar otras tantas pero en este momento es así). Y entonces decido hacer una fiesta temática, no no, fiesta del tema, porque será sólo un tema y nada más, sin links ni derivados. Un solo track para que todos los que asistamos (entrada libre y gratuita) lo cantemos al unísono, tomados de las manos y con caras de infelices. La dejo picando, a ver si alguien, algún gestor cultural u organizador de eventos hace realidad este sueño que no es sólo mío, es el de muchos. Alguien tenía que decirlo.

Les dejo la letra abajo:

In a little while from now,
If I'm not feeling any less sour
I promised myself to treat myself
And visit a nearby tower,
And climbing to the top,
Will throw myself off
In an effort to make it clear to who
Ever what it's like when your shattered
Left standing in the lurch, at a church
Where people 're saying,
"My God that's tough, she stood him up!
No point in us remaining.
May as well go home."
As I did on my own,
Alone again, naturally

To think that only yesterday,
I was cheerful, bright and gay,
Looking forward to, but who wouldn't do,
The role I was about to play
But as if to knock me down,
Reality came around
And without so much as a mere touch,
Cut me into little pieces
Leaving me to doubt,
All about God and His mercy
For if He really does exist
Why did He desert me
In my hour of need?
I truly am indeed,
Alone again, naturally

It seems to me that
There are more hearts
Broken in the world
That can't be mended
Left unattended
What do we do? What do we do?

(corte para tomar un café o ir al baño)

Now looking back over the years,
And what ever else that appears
I remember I cried when my father died
Never wishing to have cried the tears
And at sixty-five years old,
My mother, God rest her soul,
Couldn't understand, why the only man
She had ever loved had been taken
Leaving her to start with a heart
So badly broken
Despite encouragement from me
No words were ever spoken
And when she passed away
I cried and cried all day
Alone again, naturally
Alone again, naturally

Y de paso, el videoclip.

Bueno, y ya que estoy, les dejo un cuestionario de Nicanor Parra. Por favor, complétenlo en los comentarios todos aquellos que estén interesados en dejar su opinión. Presiento que serán muchos, as usual.

¿Qué es la antipoesía?
¿Un temporal en una taza de té?
¿una mancha de nieve en una roca?
¿Un ataúd a gas de parafino?
¿Una capilla ardiente sin difunto?
Marque con una cruz
la definición, que considere correcta.

domingo, 13 de julio de 2008

sábado, 12 de julio de 2008

A rose is a rose is a rose


Coro: "Admitidme en esta historia a mí, el Coro, que, a modo de prólogo, solicito humildemente vuestra paciencia para que escuchéis con cortesía y juzguéis con benevolencia nuestra función".

My own private Idaho fue el fuego, la llave maestra que abrió y destapó los conductos estancados de basura. Limpíó, depuró casi todo. Se llevó a Frank Oz y las últimas visiones sucias como las aguas llenas de iodo que bajan al mar con sus aguas vivas muertas (botellas, tampones, preservativos, palitas para la arena y facturas rancias), epifanías anodinas que poco dicen del futuro, del pasado y de nada. Poco aportan. La miseria es tan profunda como un aguijón de abeja clavado en una arteria o una espina de rosa envenenada indagando en el intersticio a la muerte.

La casa cayendo en el medio de la ruta y un aire bucólico en todo, en cada segmento. Narcolepsia fue una palabra que conocí a través de una banda de punk y grunge (cuando ya casi nadie hablaba de hacer grunge) donde me probé como bajista en Caballito. El cantante me había explicado qué significaba y realmente me impresionó. El gigolo (taxiboy si prefiere) River Phoenix despierta la admiración como lo había hecho en Standy by me, para mí la mejor película de aventuras de preadolescentes que la memoria emotiva deje filtrar; cómo roba la mirada y presta a dejarse llevar en cada desmayo, en cada temblequeo cuando el pulso falla, cuando la ruta es despiadada y los hombres malos, muy malos te roban hasta el digno desmayo. Un Jeff Bucley del celuloide, ahogado en las carreteras y en el sexo casual con personajes extraños -Hans, cómo te detesté en Gouttes d'eau sur pierres brûlantes-, road movie a tientas, y un cuerpo que desconoce su paradero. Poco para comparar con aquella analogía tan fea de Como un avión estrellado, golpe bajo muy bajo, ya casi en la pantorrilla. Oh Diiiios!

Aquí hay Sha-kes-pea-re. Sí, un Keanu Reeves que todavía no había llegado a ser un boludo importante pero en esta película lo logra con la herencia al fin en manos. Sólo eres brisa fría de la montaña, Reeves.

Hay visiones de saudachi (saudade) y un Gus Van Sant como siempre gélido, con un amor distante y misterioso, como demostró mejor en su trilogía de la muerte. Escenas de sexo congeladas, como fotonovela. Hay Roma. Hay futuros ecos en Donnie Darko, y en otras películas quizás. Hay un recuerdo de aquella foto que tenía Alejandro Ricagno en su heladera (o era en su placard) con Keanu Reeves montado en la moto, foto blanco y negro. Hay algo de ese rebelde Marlon Brando o James Dean. Visiones del pasado y la madre anhelada, como recuerdo, como bisagra para entender un poco más el mal, no como remedio, sino como etílico de calidad. No hay familia, ni amores correspondidos. Sólo viejos, gordos y lascivos mecenas del vivir cotidiano, del almuerzo y la cena (nunca el desayuno).





Have a nice day

La dicha invade mi felicidad

1968: el culo te abrocho

Fernanda Laguna se escapa de Appetite "Alguien va a La Paternal? Están caros los taxis". Hacía años que no entraba en Appetite, es más, la última vez que lo hice estaba todavía en su viejo local donde Daniela Luna se regodeaba de ser muy avant-garde -lo eres, seguro que lo eres- de cualquier manera para estar sobre el otro. Jorge Porcel Jr. flashea con fotos acá allá over there overflow yeah. Un espectáculo poco creíble, de repente revive Proyecto V (nunca usé mis 20 venusinos). Falta Qué out sonando de fondo, pero está Virus en un grabador y el darkroom se expande, somos todos pequeños voyeurs de la orgía montada por Jacoby, en el centro de la sala, coqueteando con todos los halagos, con todos. Es indudable el valor de Roberto como artista conceptual en Argentina y sus logros con Fundación Start, Ramona y redes sociales varias.

"Sin embargo las intervenciones que realiza sobre un conjunto de documentos y registros de su archivo personal (algunos de ellos se exhiben por primera vez) no aspiran a explicar o justificar exegéticamente el presente por el pasado idealizado ni viceversa. Más bien se trata de hacer coexistir dos planos irreparablemente separados para ver si la diferencia de potencial entre ellos puede abrir brechas en las narrativas genealógicas o proyectivas."

Las letras de Virus en los documentos, otras de temas de Leo García como tapas de los libros de Mansalva. Artistas visuales, algunos ya muertos, en los panfletos, como el maestro Pablo Suárez, del que se hizo una muy buena retrospectiva en el Centro Cultural Recoleta unas semanas atrás, justo al lado de la de Liliana Maresca, la chica foto-performance-instaladora, muy punk. Arde Tucumán y el Di Tella. Jacoby se despide del arte que abrazó cuarenta años atrás con pop.

Cerca de la entrada de la galería, tiradas por ahí dos esculturas de Diego Figueroa de su gallinero, todo tirado en el caos, en el hambre voraz, sexual de Appetite. También exponía Verónica Romano algunas esculturas, apartada en un reducto del pasillo, después de la barra de tragos (todos bebían vaya a saber qué). Fue la primera vez que estuve presente en la destrucción de una obra de arte, de una escultura de Verónica que una chica tiró cuando pasó torpemente por el mobiliario que la sostenía. No se preocupen, no se rompió, pero la impresión fue tal.