sábado, 12 de julio de 2008

A rose is a rose is a rose


Coro: "Admitidme en esta historia a mí, el Coro, que, a modo de prólogo, solicito humildemente vuestra paciencia para que escuchéis con cortesía y juzguéis con benevolencia nuestra función".

My own private Idaho fue el fuego, la llave maestra que abrió y destapó los conductos estancados de basura. Limpíó, depuró casi todo. Se llevó a Frank Oz y las últimas visiones sucias como las aguas llenas de iodo que bajan al mar con sus aguas vivas muertas (botellas, tampones, preservativos, palitas para la arena y facturas rancias), epifanías anodinas que poco dicen del futuro, del pasado y de nada. Poco aportan. La miseria es tan profunda como un aguijón de abeja clavado en una arteria o una espina de rosa envenenada indagando en el intersticio a la muerte.

La casa cayendo en el medio de la ruta y un aire bucólico en todo, en cada segmento. Narcolepsia fue una palabra que conocí a través de una banda de punk y grunge (cuando ya casi nadie hablaba de hacer grunge) donde me probé como bajista en Caballito. El cantante me había explicado qué significaba y realmente me impresionó. El gigolo (taxiboy si prefiere) River Phoenix despierta la admiración como lo había hecho en Standy by me, para mí la mejor película de aventuras de preadolescentes que la memoria emotiva deje filtrar; cómo roba la mirada y presta a dejarse llevar en cada desmayo, en cada temblequeo cuando el pulso falla, cuando la ruta es despiadada y los hombres malos, muy malos te roban hasta el digno desmayo. Un Jeff Bucley del celuloide, ahogado en las carreteras y en el sexo casual con personajes extraños -Hans, cómo te detesté en Gouttes d'eau sur pierres brûlantes-, road movie a tientas, y un cuerpo que desconoce su paradero. Poco para comparar con aquella analogía tan fea de Como un avión estrellado, golpe bajo muy bajo, ya casi en la pantorrilla. Oh Diiiios!

Aquí hay Sha-kes-pea-re. Sí, un Keanu Reeves que todavía no había llegado a ser un boludo importante pero en esta película lo logra con la herencia al fin en manos. Sólo eres brisa fría de la montaña, Reeves.

Hay visiones de saudachi (saudade) y un Gus Van Sant como siempre gélido, con un amor distante y misterioso, como demostró mejor en su trilogía de la muerte. Escenas de sexo congeladas, como fotonovela. Hay Roma. Hay futuros ecos en Donnie Darko, y en otras películas quizás. Hay un recuerdo de aquella foto que tenía Alejandro Ricagno en su heladera (o era en su placard) con Keanu Reeves montado en la moto, foto blanco y negro. Hay algo de ese rebelde Marlon Brando o James Dean. Visiones del pasado y la madre anhelada, como recuerdo, como bisagra para entender un poco más el mal, no como remedio, sino como etílico de calidad. No hay familia, ni amores correspondidos. Sólo viejos, gordos y lascivos mecenas del vivir cotidiano, del almuerzo y la cena (nunca el desayuno).





Have a nice day

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