domingo, 17 de octubre de 2004

De un dinero hechizado y las aventuras que le conciernen

De la fábrica
De la acuñación en níquel
Del prócer resplandeciente
Del banquero enfermo de escarlatina
Del padre en viaje en un cajero
Del niño que acaricia con sus dedos
Del amigo cómplice que hurta
Del lechero gordo que no sabe leer
Del místico que bebe queso
De la anciana que busca la admiración del amante
Del marxista que se desvirga en el dolor de su mercancía
Del que lee el diario en la letrina
De la prostituta dominicana que se baña en rimel
Del turista que se pierde en un teatro de revistas
Del ciego que ahuyenta las limosnas
Del asceta al que seduce en sus caderas
Del enterrador que escupe en el cementerio
Del prófugo que corre hacia las voces de ultratumba
Del vendedor que duerme junto a su perro
Del incendio de ebrios etílicos
Y la moneda cándida se quema
en los labios del espectro ultrajado

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