viernes, 1 de octubre de 2004

Acido de perfume (Reflejo instaurado al pestañear)

Convido azul a mis letras
extracto de mar austral
matiz puro entre sus hermanos
Delineo palabras de actos reflejos
del recuerdo de perfume
plantado en lo profundo de los ojos
Huyo de las fragancias y de los balones
Evado el golpe misterioso que no está presente
el aroma que consume las pestañas
para cerrar los ojos a la belleza
Que desgarra el rostro y lo transforma
mutando la fisonomía que nunca cambia
Ayuno y silencio el mismo día
para despojarme de los reflejos instintivos
Para desheredarme de los vivos y los muertos
De recuerdos que se reflejan
Golpeando
Acribillando el trazado y la continuidad de las acciones
Deteniendo el transcurso de los roces
Elaboro el escape inconsciente del balón, del puño que acaricia
transformo en violencia la fragancia del perfume
del rociador hiriente, de la acidez en mis pupilas.
Y era verano, cuando ardían mis ojos
Y era primavera, cuando me ocultaba del lanzamiento al arco
Refugiado en la penosa frustación del niño, engañado en el juego de necios
Donde se llora
los reflejos se adueñan de lo vulnerable
donde eneceguece lo más brillante del mar.

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