domingo, 24 de octubre de 2004

Otro policial negro

Aluminio

Bagaje de mosaicos harapientos
despiertos bajo la bitácora del marinero de Birmania
el norte estallaba al desencuentro de las gaviotas
y sobre la proa se alzaban langostas plenas de belleza.
Desperté, pues como decía, en el bisoñé del dueño del feudo
sin embargo, no he visto al embustero cargar con el cesto de flores,
ni las bocanadas en silencio con olores verdes,
de buques cargados de peces, de mantas y congrios
Sólo el tatuaje del mandala en mi antebrazo, de inetnsidad tan opaca,
experimenta las formas torcidas de los que alguna vez fueron círculos.
Ya todo me ha sido negado

(recuerdo...)


Bajo el puerto, en el preludio de la siesta obrera
dos caminantes me hicieron un souvenir encantador
tragos de sabores enrarecidos
y yo acepté gustoso, no sería lo adecuado enfadar
aún no emepezaba a ver al prófugo asesino y sus camaradas pensarían que les era descortés
Vulgar!

Oro

Pero los perros huelen el movimiento falso de los labios
y rompieron en ladridos, ante mi la desdicha de quien les habla
Prisionero me hicieron en un cubículo etéreo, repletos de relojes de arena
Quién carga con mi bastón?
La señora asesinada en el patio, ahora danza en otros cielos lejanos al mío
y las piernas vueltas trazos de raíces secas penetran en mi cuerpo
Dónde comenzó la siesta que no recuerdo las horas?
Ha estallado el sol heleno por el baile desparejo de la luna
y las estelas rompen contra la puerta de mi cuarto-prisión.

Bronce

Aún investigo sobre mis bigotes, el olor del sésamo volcado en la mesa
los pelos quebrados en la víctima y los pulgares de carbonilla en los senos de Marvella
Puñado de miserias, alquien golpea la puerta
se derrama la tinta de moluscos sobre la hendidura
mi idiosincracia sin tretas, me lleva el demonio como coartada
a beber los tragos oscuros del barman anónimo a mis ojos.
Barbilla teñida y manos pintadas
la merma de vida pagada en bocados de llagas,
brote tras brote, exánime el codo gris
Y honesto el hijo de puta, que pía tras la puerta
que coaja mi orgullo estrecho, repitiendo en períodos convulsionantes,
que el pulpo quiere silencio
Bañera de bravucones,
me quito el sombrero ante el moroso de la ley
para pintar las telas de mi intestino del oscuro marino.

Que bello cómo pinto bajo materiales delictivos!

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