viernes, 18 de febrero de 2005

Manifiesto Marcial

Facta, non verba


Benditos sean aquellos que lean estas líneas,
Palabras dignas que atentan contra el vasallaje del alma,
Puesto que sólo eso nos hemos remontado a hacer durante toda la historia.
Para ello, hemos cubierto de arena los campos repletos de trigales
Y hemos nutrido a nuestras reses con las mejores cosechas.
Combatid, hermanos de Galia, sólo eso nos liberará.
Debemos deshonrar aquellos que cobardes en sus actos y maniobras,
huyen de las trincheras como enfermos,
Acribillaremos a todo aquel que impetuoso, se levante contra nuestras órdenes.
No queremos distracciones y procuramos lealtad absoluta a nuestras normas,
Que bien clara han sido dispuestas en terreno divino desde los bellos tiempos
Cuando los conquistadores no presagiaban miedo alguno entre sus hombres.
Dejaremos la glotonería y la cortesía finalmente, así como los sentimientos egoístas,
No toleraremos el llanto ni la pérdida, hemos sido entrenados para masacrar
Hemos sido elegidos entre millones para aplacar el nombre del enemigo.
Heriremos todo aquello que camine en el sendero opuesto al nuestro,
Destronaremos sus cabezas cortando las yugulares con nuestras espadas bañadas en oro,
Oro de nuestro Reyes extintos en lujurias que nosotros jamás conoceremos, mal de los hombres con corazones impíos.
No haremos nuestras plegarias mientras luchemos porque deshonraríamos a nuestro Señor, sólo revestiremos las tierras a Su gloria y veneraremos Su lucha armada.
Mataremos a todo sabueso del infierno que se eleve entre las laderas que cubrimos
Y abriremos fuego a los mástiles que carezcan de nuestro sello modesto.
Cerraremos las tabernas y burdeles, lavaremos en agua ardiente a todo nativo,
No deseamos, sólo nos entregamos a nuestra necesidad. Mantened la vista atenta al frente y a la retaguardia, no moriremos por la negligencia siempre necia de un miserable borracho.
Liberemos nuestras damas acosadas por la oscuridad del pueblo vecino, por la injusticia fálica que gobierna a los hombres de los otros Reinos, no merecen llamarse siquiera humanos. Bestias, honraremos nuestros hijos con la sangre de aquellas bestias.
Vertientes de ríos impúdicos que bañan nuestros hogares en las mañanas.
Nuestro niños se consagran desde temprano al maldito destino de los insanos.

Cuando terminemos, habremos comprendido nuestro combate. Podremos beber el jugo del muérdago junto con el roble, brebaje preparado por nuestros más sabios sacerdotes druidas. Devotos siempre a Ram, pediremos por su atención y nos prestaremos a callar nuestras armas. Así podremos contemplar finalmente la sensatez, peldaño invisible que se esconde a nuestros ojos de sirvientes. Así elevaremos nuestra marcha hacia las constelaciones, cuando seamos el único reino y creemos una única dinastía. Nuestra sensatez llegará, sabedlo, prestemos nuestros yelmos a la cicatriz ardiente del combate y sólo así llegará. Sensato, sólo puede ser nuestro devenir.

Escrito por el apasionado señor Marchant, que al no saber girar a su derecha, ya que no la distingue de la izquierda, ocupó su tiempo en esta carta, sana cura para voltearse y desplegarse de manera correcta entre los transeúntes.

3 comentarios:

  1. hasta que llegue al final me asusté. depues me rei y me sonrei.
    con esa sonrisa lo dejo. y digale al sr marchant que se fije bien antes de deplegarse entre los transeuntes, no sea cosa que se pierda entre la horda...
    saludos yanandreanos
    chihi, voilá.

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  2. Estoy comprobando la nueva apariencia de los comments, está mejor. Es una linda lucha contra la insensatez humana llevada a un campo de guerra, todo sea por saber comprender ciertas lógicas a través de la irracionalidad de la conquista bélica. No era para asustarse, es totalmente humorístico. Saludos. Cuidado con entregarse demasiado a Yann y al cumplido de Duras.

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  3. bien escrito. y muy gracioso también.

    saludos.

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