jueves, 17 de febrero de 2005

El elefante ciego

Hemos remado mis brazos y yo
los discontinuos pasos a través del tiempo.

En las orillas, la ciénaga esperaba de pie
atada al mástil, cubierta de alimañas agrestes.
Astillas dóciles al campo.
Estacas condescientes a las esferas.
Estigmas saboreados por el áspero desierto,
convaleciente el sereno, sólo el sereno.
Dispuesto al silencio de las estrellas.

Cenamos esa noche bajo la caricia de un velador ubicado junto al postigo.
Comimos conceptos y los encontramos erróneos, faltos de sabor.
Faltos de solidez, aceptamos la blandura de nuestras creencias,
lloraron nuestros ojos a los cultos que en familia fueron callados.

La brutalidad de las especies nos cerraron los ojos,
y jamás volvimos abrirlos, por temor a enceguecer realmente.
Demasiada luz, temimos la sincera compasión sacra que vino a nosotros,
mis brazos y yo. Temimos más a la verdad que a la ceguera.

1 comentario:

  1. muy buena frase final.
    "temimos mas a la vrdad, que la ceguera..." se podria hacer un manifiesto con eso. O una sentencia para andar en la vida...
    yo me pregunto le temo mas ala verdad que al ceguera?
    no se
    dudante, saluda
    chihi

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