martes, 7 de septiembre de 2004

cenizas del pasado de un cuadro ancestral

el monte, arde en el asecho de los últimos reyes
allí, donde la casa llora cada noche

luces que salen detrás de la puerta
en el latido de los árboles
acabando las estelas de cruzar el cielo
de relamer las superficies del lago bajo el cerro

ahora la oscuridad
en la tenue y fugaz puesta de las velas de espárragos
bajo los ruidos de los tambores taiko
haciendo el feroz sonido del combate

el monte llora

los habitantes de la casa gimen
puertas adentro abrazados en torno al cuadro

donde se levanta la sonrisa impenetrable de ese señor
dientes de acero que se levantan contra la corrosión
contra los huéspedes infecciosos
contra los malos augurios de los habitantes del monte

el padre agrupa las sillas
un fósforo
el fuego
y el cuadro del pariente muerto

encantador protector del frío
destructor de los males
arde entre nuestros rostros
fuego

destructor de las huellas de la muerte

de las cenizas de la vieja casa del monte
con su jardín ajeno a las manos del hombre
entre pastizales tan altos como ambiciones de aldeanos

donde se levanta un pequeño joven
escondido del fuego

- Padre, ha acabado el combate?

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