jueves, 19 de junio de 2008

Las ventanitas del Sr. Orsini

Entre la pasta cremosa que cae de las heladas la ventana cerrada
y los burletes ceden, entra el frío ¡Mierda, congela! Las nenas sin orejeras
se trenzan al ojerudo Orsini que no deja de rozarse con su gamulán crema, retazos rojos y un pin antipático que se estremece cual ojal, ojal porteño arrabalero con el logo de un nuevo oh-fantástica-nueva-promesa-grupo-musical oriundo de La Plata.
La pasta cremosa que cae del cielo se sucede, copiosa repetitiva. Aburrida.
Las licencias médicas llueven en la recepción y Orsini, el grand-cavalier Orsini,
primo sanguíneo por línea materna de Troilo - no, el otro- arma un habano enorme con los boletos recolectados dentro del envase de aceitunas gigante para la silla de ruedas para el chico punk minusválido en un pogo, querido por todas las grandes veteranas de piso porque lo conocían desde pequeño desde que su madre, Isidora Mendeluz, le daba la teta en la oficina de personal y le goteaba leche agria sobre la mesa de entrada cuando, santo frío pampero, atendía algún particular. El habano es grande inmenso molesto largo trecho hasta el techo lleno de teros chillones gritones, mal paridos, olor a salmuera y nostalgia de los buenos tiempos de porros ricos dulces que preparaba Perinola el Tuerto, que no le erraba nunca a la generosidad. Orsini, el cavalier, clava los ojos en sus asistentes y le muerde el pezón estrangula hemorragia sexual a la más gorda, protesta y se trenza, se lo transa se lo bebe se lo chupa hasta ah. La pasta cremosa cae y la cornisa se piquetea contra el frío y le hace un monumento al miedo y se va al vacío, que no es abismo, que no es una plaza bombardeada por mierda. El habano se quema y todos fuman con gripe catarro bronqueolitis cáncer pasivos activos versátiles indomables la pitada más sentida hasta clavarle la daga de Reynaldo al pulmón y los ojos se irritan. La trenza es tan larga como la de aquella muchacha del café de Congreso que se la manoseaba y engrasaba y la tía (o la dama de compañía) la retaba y le insistía:

-No, nena, dejala, dejala ser libre y cruda, sedosa y clara como mariposa capullo o santa rosa, agua sucia de Isla Maciel corriendo por los tablones del Docke, como gallina de campo que se mastica a su compañera luego de ser pollito en fuga, corrales en fuga, campos en fuga maizales incendiados asediados y el olor a ahumado en tu culo tan rosado.

La pasta cremosa la come Orsini, el grand-cavalier, hijo de un ingeniero y una modista, y la trenza larga de mujeres secretaria, no no, administrativas, que se fuman entre golpes codos chismes putañerías el último boleto que dice $1,50 por un viaje más corto que el de mi mente hasta el escroto.

3 comentarios:

  1. me los imaginé a todos. pensé en oficina, en viaje en colectivo, boletos, la silla de ruedas. muy bueno. sabrán los jefes de la oficina de este mundo paralelo que uno construye cada día?.
    en cuanto a tu comentario, no, no soy yo, debe ser otra sfm.
    y en cuanto al comentario mio que no se entendió, en fin, tengo problemas para expresarme en los comentarios. comentarios. comentarios (perdió sentido!). saludos!

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  2. Gracias Sol. No, los jefes no saben nada de nosotros, nada. Y tus comentarios me gustan a pesar de ser crípticos, criptogramas. Se vuelven más interesantes.
    La otra sfm es Soledad, vaya confusión la mía. Disculpame.

    Besos

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  3. Orsini y vino Bomarzo, duques. Se me disparó una cosa así.
    Un señor López abriendo la puerta que lo deja en el jardín de Bomarzo con los monumentos a Vicino.

    Un abrazo,

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