lunes, 4 de febrero de 2008

Oh!

Se acabó el ocio. Bien. Comienzo el lunes mal. El despertador suena y me levanta a la hora que lo puse, pero insólitamente, se atrasó una hora. 8.30 hs. Bien. Un poco de ayuno mal no vendrá. La oficina inhóspita, un par de almas, pocos quehaceres, nada para destacar. Por milagro de algún arcángel -intuyo que debe ser Miguel- las 14 hs. se hicieron volando. Voy al once, no sin antes comerme un sandwich de milanesa decorado de aderezos con pepsi en un local veraniego desértico, con el mostrador a años luz de mi mesa. Me sorprendió la cuenta, debo decir. Una vez en el barrio 11, toco el timbre del portero del edificio para realizar la transacción de mercadolibre, retirar dos libros de Ainbinder (me convenció el joven Ricagno finalmente luego de su discurso elocuente en la reunión por mi cumpleaños) y uno de Bresson. El portero anda muy mal, nos malentendemos con el socio de Eduardo, Darío, que es el otro chico que atiende la librería virtual. El año pasado le había comprado un libro de Marianne Moore de la editorial Jimmy Jimmereeno a estos mismos vendedores, y es algo atípico en estas redes virtuales que figure esa editorial entre las ofertas. En fin, no le presté atención cuando se lo compré aquel momento. Pero esta vez, a quien sale del edificio sí lo reconozco, es Darío Rojo. Lo conozco, además de por haber leído algunas cosas suyas y por comentarios de Ricagno, porque fue uno de los tantos profesores con los que cursé informática virtual en la universidad (soy desertor y abandónico como pocos). Ahí me hace caer el yunque de que con quien hablé en la compra anterior y en ésta, fue con Eduardo, claro, el que figura en el mail de la compra, de apellido Aibinder, algo que desconocía y omitía ya que el remitente en los mails era el nombre de la librería virtual; jamás había visto una foto de él. Así que cuando estuve pidiéndole si tenía tal o tal libro de Ainbinder por teléfono, Ainbinder respondía que sí o no, como si hablase de un tercero. Bien. Tendría que haber sospechado un poco más, era de la Selección Amadeo Mandarino. Pero en mi nube de Valencia, no hay tiempo para caer a tierra y suponer cosas así, no hay tiempo! Sorprendido, me llevo de regalo otro libro que me regala generosamente Darío (los socios Eduardo y Darío, quién iba a pensarlo! de alguna manera tenían que sacarse de encima los libros, supongo). Después me comenta que Daniel Durand vive a un par de cuadras del edificio, que Ainbinder se fue de viaje a Venezuela. Mucho 18 whiskys, y esa no es mi historia ni mi bebida. Así que a otra cosa.
Una librería más tangible a unas cuadras. Tum tum tum tum, sí, paso a ver, agarrar postales para Yami (Mongo Aurelio is dead, pero extrañamente parece il morto qui comenta). Pregunto sobre libros, libros que leeré en alguna oportunidad de mi vida, motivo que me hace alargar mi deceso natural, que me hace longevo, me hace un viejo senil. O bien, que deje como legado una interesante biblioteca a mis hijos. Bien. Está el muchacho que atiende y un simpático francés que boludea, porque pinta de comprador no tiene, de lector, tal vez. Hablaba con el librero y los interrumpo -poca onda la mía, capaz terminaba en casorio el asunto- para preguntar que este que el otro que cual que el que vendrá que no hay stock que no hay plata que hace calor que buena edición que lindo que tapa y el francés interrumpe para hacer notar que está vivo, tira alguna frase "voy a ver esto" o "voy a revisar la pc". Lo insólito, y lo mejor que pasó durante todo el día, fue cuando dijo: "y ésto es una mujer?" tomando una revista símil a la wipe, y muestra la tapa que tiene a Moria Casán. Voy a reservarme mi opinión sobre esta duda de índole europea y de género. Bien. No, basta de escribir bien y de reservas, carajo. No, no es una mujer. Es un monstruo, muchachito francés simpático.

Apartado: mi padre me llamó mientras escribía este post para aconsejarme sobre la venta de un extractor Galaxy usado en estado impecable para subirla a mercadolibre. A alguien le interesa?

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