martes, 13 de junio de 2006

Une affaire de Dieu

Una manga que se engrosa junta a las palabras que piden respiro y se acomodan, anexadas, pegadas, contiguas, una contra la otra, meciéndose sobre la frente opuesta, apretándose las cervicales y extremidades hasta fundirse en palabras extensivas lípidas que conducen el torrente vertiginoso, la manga del saco se ensancha para dar paso a las barajas escondidas, tramposas que juegan con el barranco y el llano de los contrincantes mal dispuestos en la mesa y un nuevo conducto que cae despedido de la bóveda, de un techo lúcido barre la suciedad del piso y las letras se esfuerzan por contraerse ante la pluma impertinente que absorbe la tinta negra, oscura, críptica hasta clavarse sobre el papel con más cantidad de lípidos, fibra y el fresco natural de la mañana que borra las primeras letras ilegibles para el anochecer que de pronto está, a la espera, acechando, custodiado por sólo dos faroles intermitentes en sus funciones, opaca la tinta, las letras rendidas en su majestuosidad se desgastan por completo y sólo la fatiga que las separa esta vez y corro un diéresis equivocado, para que se echen al descanco tras una larga inhalación del tempo de cinco líneas y un pasaje abrupto en alguna otra ocasión, que quizás llegue, quizás pronto, quizás de mis manos, quizás en este siglo.

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