miércoles, 5 de enero de 2005

Ahí nado

Ahí nado
Después venían las tías junto al abuelo
hablaban largo y yo los escuchaba.
En realidad, hacía de cuenta que los escuchaba.
Me encantaba el comedor en silencio,
apenas el canto de los grillos en el patio.
En los viajes, les decía que cuando era grande,
había tenido un caballo.
Parecido al que pasta en el baldío del Club Mitre.
En ese entonces, era un niño. Era más blando.
La pelopincho era como un inodoro de gran tamaño.
Ahí nado, no tan mal. Hasta toco el fondo con los ojos cerrados.
Pero ya llegando la nochecita, se me helaba todo el cuerpo.
Me quedaba mirando fijo la terraza de baldosas gastadas, bien quieto.
No saben el gallinazo de piel que me pegaba.

2 comentarios:

  1. reminisencias de tías y de siestas,de tardes a puro pelopincho...tal vez inspirado por damián y su librito en carton? pero el tono es muy fer...album de familias y gallinazos literarios y literales.. en fin que me gustó... volver la impresion de lo vivido en un impresion visual y fisica...
    aqui chihi
    saludos ( por cierto muy bueno el haiku en lucianapoetica... besos9

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  2. Vuelvo a hacer un comment en la página después de un pequeño lapso de tiempo. Es graciosa la situación. Como te había dicho, sí, Damián aportó mucho para que se desvelen ciertos recuerdos y la manera de su escritura, esa simpleza inteligente con el sentimiento de un niño y el conocimiento más afirmado de un adulto. Que no se ofenda Ríos por lo que dije. El haiku era muy apocalíptico, no? Saludos y un gusto volver a este lugar.

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